Dienstag, 26. Juli 2022

Papirología de Unamuno: Teoría y praxis de las pajaritas de papel y otras figuras de Origami


Don Miguel de Unamuno… Dice, en efecto, que hallándose el verano pasado en Bilbao, su pueblo nativo, y en una librería donde tiene consignados ejemplares de su novela Paz en la Guerra y de sus Tres Ensayos, le manifestó el librero que cuando volviese a publicar otro libro se cuidara mucho de su volumen y condiciones materiales, procurando que, a poder ser, tengan sus obras todas un mismo tamaño. A cuyo respecto le contó el librero lo que con uno de sus clientes le había ocurrido. Fue el caso que un sujeto le había pedido en varias ocasiones las obras completas de Galdós, Pereda, Valera, Palacio Valdés y otros escritores de fama y éxito, y se las había servido. Pidióle luego las de Picón, y cuando llegaron estas torció el cliente el gesto y les puso mala cara porque no eran todas de un mismo volumen, sino unas más largas y otras más anchas. —¿Y cómo voy a encuadernar como «Obras completas de D. Jacinto Octavio Picón» si presentan tanta diversidad de tamaños? El librero, como se trataba de un buen cliente, se ofreció en su obsequio a quedarse con ellas, y así se acordó, no llevándose el cliente más que dos o tres, las que más le interesaban, o sean las iguales en tamaño y forma. Y comentando luego el sucedido, decía el librero al señor Unamuno que procurara que sus libros todos fueran uniformes, pues así los vendería mejor. Porque es indudable que hay quienes compran los libros para leerlos, y son los menos, y hay quienes los compran para formar con ellos biblioteca, y son los más. Y en una biblioteca está feo que los libros de un autor, que han de aparecer juntos, no puedan alinearse en perfecta formación y sin ningún saliente, ni hacia arriba ni hacia adelante…

APUNTES PARA UN TRATADO DE COCOTOLOGÍA

Etimología - La palabra cocotología se compone de dos: de la francesa cocotte, pajarita de papel, y de la griega logia, de logos, tratado. La palabra francesa cocotte es una palabra infantil y que se aplica en su sentido primitivo y recto a los pollos y por extensión a todas las aves. En sentido traslaticio a las pajaritas de papel y a las mozas de vida alegre. Aquí habré de extenderme en una comparación entre estas mozas y las pajaritas, frágiles como ellas. La primera cuestión que surge respecto al nombre de nuestra nueva ciencia es que es el tal un nombre híbrido, como el de sociología, compuesta de una palabra latina y otra griega, y son muchas las personas graves que han visto en eso del hibridismo de su título un fuerte argumento en contra de la nueva sociología. Acaso fuera mejor llamar a nuestra ciencia papyrornithología (???????????????), de las palabras griegas papyros (???????) papel, ornithion (????????) pajarita y logia, pero le encuentro a este nombre graves inconvenientes que me reservo mostrar cuando publique el tratado. Y no dudemos de la importancia del nombre, importancia tal que precisamente lo más grave de una idea u objeto es el nombre que habíamos de darle. Rechacemos aquel absurdo aforismo de le nom ne fait pas a la chose el nombre no hace a la cosa. Sí, el nombre hace a la cosa y hasta la crea. ¿No nos dice acaso el versículo 3 del capítulo I del Génesis que «Dijo Dios: sea la luz, y la luz fue», creándola así con su palabra, y no fue lo primero la palabra, según el versículo primero del capítulo I del Evangelio según Juan, que nos dice que «en el principio fue la palabra?» Fausto halla imposible estimar en tanto la palabra, el verbo, y lo traduce primero así: «en el principio era el sentido» (Im Anfang war der Sinn), mas luego lo corrige diciendo: «En el principio era la fuerza» (Im Anfang war die Kraft), y concluye por fin en decir: «en el principio era la acción» (Im Anfang war die That). No; Fausto aquí divaga; digamos que en el principio fue la palabra y que luego de haber formado Dios de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos «las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar, y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes ese es su nombre» (Gen. II, 19). Y este acto de dar Adán nombre a toda bestia del campo y a toda ave de los cielos, fue su toma de posesión de ellos y hoy mismo tomamos posesión intelectual de las cosas al nombrarlas.

¿Qué es, en efecto, conocer una cosa sino nombrarla? Conocer una cosa es clasificarla, nos dicen los filósofos, es distinguirla de las demás, y cuanto mejor la distingues es que la conoces mejor. El hombre ignorante solo sabe el nombre propio de las cosas, su agnomen, su nombre de pila que diríamos hoy; las llama Cayo o Tito, Pedro o Juan; el menos ignorante sabe su primer apellido; cuando se instruye más conoce ya el segundo apellido, y así sucesivamente. Cuanto más adelantamos en la ciencia de las cosas, más apellidos damos a estas, conocemos mejor su genealogía, las colocamos mejor en el lugar que en su familia las corresponde. ¿La llamada historia natural se reduce para los más a otra cosa que una nomenclatura? Preguntémosle a la palabra misma por su importancia y oficio, interroguemos a nuestra lengua latina y ella nos dirá que la raíz del nombre-nombre NOMEN GNOMEN es la raíz misma, gno —del verbo gnosco, cognosco, conocer, y que esta raíz GNO es hermana de la raíz gen— de gigno, engendrar; nombrar es conocer y conocer es engendrar, nombrar es engendrar las cosas—. Y si se lo preguntamos a las lenguas germánicas y anglo-sajonas nos dirán estas que la voz palabra, worth en inglés, wort en alemán, es pariente del verbo worden, devenir, hacerse, generarse, siendo la palabra un hacerse, un devenir, un engendrarse. Sí, inefable e inconocible es una sola y misma cosa. Razón tiene, pues, Carlyle cuando en su Sector Resortus (lib. II, cap. I, Génesis), hace decir a Diógenes Teufelsdrockh lo siguiente: «Pues en verdad, como insistía a menudo en ello Gualterio Shandy, estriba mucho, casi todo, en los nombres. El nombre es el primer vestido en que envolvisteis al yo que visitaba la Tierra, vestido a que desde entonces se agarra más tenazmente (porque hay nombres que han durado casi treinta siglos) que a la piel misma. Y ahora, desde fuera, ¡qué místicas influencias no envía hacia dentro, aun hasta el centro, especialmente en aquellos plásticos primeros tiempos en que es el alma toda infantil vía, blanda, habiendo de crecerla invisible semilla hasta convertirse en árbol frondoso! ¿Los nombres? Si pudiera explicar yo la influencia de los nombres, que son el más importante de todos los vestidos, sería un segundo y gran Trismegisto. No ya solo el lenguaje común todo, sino la ciencia y la poesía mismas, no son otra cosa, si lo examinas, que un exacto nombrar. En muy llano sentido, dice el proverbio, “Llama ladrón a uno y robará…”» Así Carlyle. Goethe, por su parte, en Poesía y verdad (II, 2), nos dice: «No estaba bien hecho que se permitiera aquellas bromas con mi nombre, pues el nombre propio de un hombre no es una capa que cuelgue de él y a la que se pueda deshilachar y desgarrar, sino un vestido que ajusta perfectamente y hasta como la piel misma que ha crecido con él y sobre él, y a la que no cabe arañar y desollar sin herirle a él mismo.» Y, por último, para acabar con las citas, conviene trascribir aquí aquellos preñados versos en que nos dice Shelley en su «Prometeo desencadenado» (Prometheus unbound, act. II. sc. IV) que «dio al hombre el lenguaje y el lenguaje creó el pensamiento, que es la medida del universo.» He gave Man speech, and speech created thought which is the measure of the universe. Con todas estas y otras consideraciones acerca del nombre, consideraciones que sacaré de mi cuadernillo rotulado Onomástica, justificaré la importancia capital que tiene el nombre que doy a la nueva ciencia, y como al nombrarla la creo. Porque el nombre y su etimología debe preceder a la definición misma.

Importancia de nuestra Ciencia - Es importantísimo el dejar bien asentada a priori la importancia de la ciencia de que se va a discurrir, no sea que los lectores torpes no lo conozcan. Es esto tan importante como lo que hacen ciertos predicadores dialécticos que después de desarrollar un argumento añaden: «queda, pues, evidentemente demostrada… tal o cual cosa», no sea que el oyente no lo haya conocido. La importancia de la cocotología es que, como veremos más adelante, puede llegar a ser ciencia perfecta.

Lugar que ocupa entre las demás ciencias y sus relaciones con estas - He aquí dos puntos capitalísimos y que se prestan a no poca discusión. En realidad el segundo depende del primero, pues para colocar a nuestra ciencia en el lugar preeminente que le corresponde, tenemos que determinar antes sus relaciones con las demás ciencias. Relaciónase con las físico-químicas porque el papel, sea fino sea de estraza, con que las pajaritas se hacen, está sujeto a las leyes todas físicas y químicas; pesa, refleja un color, da un sonido si se le hiere, se dilata por el calor, arde al fuego, es sensible a ciertos ácidos, etc., etc. Se relaciona con las ciencias naturales porque dicho papel se extrae de materias vegetales, y sin conocer estas mal se puede conocer bien tal papel. Relaciónase con la psicología, porque las pajaritas de papel ayudan al desarrollo de la psique infantil, y con las ciencias sociales por su valor como juego de los niños. Pero ante todo y sobre se relaciona, como veremos, con las ciencias matemáticas, porque la pajarita de papel adopta formas geométricas definidas y puede someterse a fórmula analítica.

Embriología -  He de empezar por el estudio de la embriología de la pajarita de papel, a partir del cuadrado primitivo de papel, que salido del protoplasma papiráceo, es el óvulo de donde la pajarita habrá de desenvolverse. Y tal óvulo tiene que ser por fuerza cuadrado, lo más perfectamente cuadrado que quepa, sin que sirva que sea un cuadrilátero o paralelepípedo, pues de este no sale más que un monstruo, como puede comprobarlo el investigador si, como nosotros, lo ensaya. El óvulo-cuadrado papiráceo experimenta primero la vuelta o involución de sus cuatro ángulos cuyos extremos vienen a coincidir en el centro, produciéndose el segundo período, el de blastotetrágono, en que hay dos capas, la formada por los cuatro extremos plegados, el endodermo o endopapiro, y la formada por el centro del óvulo-cuadrado, el ectodermo o ectopapiro. Una vez obtenido este segundo período experimenta el blastotetrágono un tercer pliego, una tercera complicación, volviéndose las puntas de él hacia el lado inverso de aquel a que las primeras se volvieron, es decir, hacia el endopapiro, y así tenemos la gástrula papirácea. De esta puede salir ya, mediante un proceso que describiré minuciosamente en mi obra —obra ilustrada con exactos grabados— la primera forma de pájaras, la más elemental y primitiva, en que los extremos que se doblaron primero vienen a formar la cabeza, las patas y la cola. De aquí también, mediante otro proceso, puede salir una mesa, la trapeza papyracea, la forma de tetrápodo o cuadrúpedo más sencilla que se conoce, como que es un cuadrúpedo puro, un mero tetrápodo, a tal punto que hay sabios que opinan, con algún fundamento, que no sirven las cuatro patas para sostener el cuadrado o tablero de la mesa, sino más bien este para soportar las patas. Aquí me extenderé en amplias consideraciones de como este tipo de la trapeza papirácea lo vemos luego reproducido en todos aquellos organismos superiores, incluso el hombre, en que el cuerpo lleva las extremidades en vez de llevar estas al cuerpo, y estudiaré el tipo trapeza en la especie humana, en aquellos hombres cuya razón de ser es tener manos y pies.

Después del tercer período viene el cuarto de donde se desarrolla, mediante un proceso que detallaré, la pajarita normal, caracterizada por tener cuatro costillas provenientes de las cuatro puntas primitivas y dos bolsas triangulares en la cabeza, a las que hay que dar denominación científica. He de extenderme luego en el quinto período, en que aparecen bolsillos a la pajarita, y aquí he de disertar doctamente acerca de estas pajaritas marsupiales, que representan un período de gran desarrollo. Porque es indudable que la aparición de los bolsillos es uno de los fenómenos más capitales y de mayor trascendencia del proceso orgánico. Con los bolsillos le nace a la pajarita una especie de mandíbula y se le forma boca propiamente dicha. (A todo esto es absolutamente preciso que el lector coja un cuadrado de papel y vaya experimentando por sí mismo lo que decimos, pues la cocotología es a la vez que exacta una ciencia eminentemente experimental.) Esto de que la boca aparezca al mismo tiempo que los bolsillos es uno de los fenómenos más sorprendentes y sugestivos que pueden darse y convendrá que me extienda sobre él cuanto lo merece. A la vez que boca y bolsillos desarróllanse en este quinto grado de la pajarita cuatro costillas pectorales simples a la par que las costillas espaldares se hacen dobles. De los períodos sexto, séptimo, etc., nada diremos, pero sí haré juiciosas y hondas reflexiones acerca de la infinitud del número de estos períodos o grados, de cómo son inacabables. Sin embargo, a cada nuevo grado el grosor de la pajarita crece y la materia opone serias resistencias a su perfección geométrica, que es su razón de ser, por lo cual esos grados superiores están condenados a perecer en la lucha por la existencia, ya que no se adaptan a la perfección geométrica. Y esto nos lleva a la anatomía de la pajarita.



Anatomía - La razón de ser, en efecto, de la pajarita de papel es su perfección geométrica, perfección a que todas ellas tienden, aunque no logren alcanzarla jamás. La perfecta pajarita ha de poder ser inscrita en un cuadrado perfecto, como en la figura adjunta vemos, y si recordamos que el óvulo de que salió era un cuadrado de papel, veremos que su perfección consiste en poder inscribirse en su propio óvulo-cuadrado, en mantenerse fiel a su origen. Y de aquí deduciremos que la perfección de todo ser consiste en que se inscriba y atenga a su óvulo generador, en que se mantenga en los límites de su origen. Claro está que en las precarias y miserables condiciones de nuestra vida terrestre y dados entre otros inconvenientes los que la materia presenta —el grosor y otras imperfecciones del papel—, no hay pajarita alguna que cumpla con toda exactitud rigurosa su ideal, su ideal geométrico; ideal que se cierne en el mundo platónico de las ideas puras. El divino arquetipo de la pajarita es una especie geométrica que yace desde la eternidad en el seno de la Geometría. Cuanto más una pajarita se acerca a su arquetipo y cuanto se inscribe en más perfecto cuadrado, tanto más perfecta es ella y tanto más se acerca a la superpajarita inaccesible. Y aquí se nos presenta una interesantísima y muy sugestiva cuestión, es a saber, la de que lo que hace la individualidad de cada pajarita, lo que de las demás pajaritas de su tamaño la distingue es precisamente su imperfección. Porque si todas las pajaritas fuesen perfectas, esto es, inscribibles en cuadrados perfectos, no habrían de distinguirse unas de otras más que cuantitativamente, por el tamaño, y no cualitativamente, y además por el diferente lugar que ocupasen en el espacio. No serían idénticas pero sí semejantes o iguales, como son semejantes siempre dos cuadrados o dos triángulos equiláteros. Vése, pues, que la perfección se adquiere a costa de personalidad, y que cuanto más perfecto o arquetípico es un ser, tanto menos personal es, y veamos por aquí, mirándonos en las pajaritas como en espejo, si nos conviene aspirar al sobrehombre, al hombre inscribible en óvulo perfecto, y si para lograr semejante perfección hemos de renunciar a nuestra personalidad cada uno. Cierto es que se nos ha dicho que seamos perfectos como nuestro Padre celestial, pero esto es como un término inaccesible a que debemos tender. Y en último caso, sí, renunciemos a nuestra personalidad en aras de la perfección y aspiremos a ser semejantes, real y verdaderamente semejantes, perfectos, y a fundirnos en el arquetipo. Porque si es Dios, como algunos sostienen, mi proyección al infinito, como nuestras vidas paralelas en el infinito se encuentran y en el infinito coincide mi proyección con la tuya y con la del otro y la de el de más allá y las de todos, es una sola la proyección allí, es Dios el lugar en que nuestros yos todos se identifican y confunden y perfeccionan. Es, pues, el Yo colectivo, el Yo universal, el Yo-todo.

Y dígaseme ahora que la cocotología no es una ciencia importantísima y que abre vastísimos horizontes a la mente humana llevándola a espléndidas contemplaciones. Después de haber desarrollado debidamente estos tan importantes problemas que la cocotología plantea, convendrá que me fije en las partes que la pajarita vista en proyección lateral nos ofrece, y que son, como se ve en la figura adjunta, ocho, dos en la cabeza, tres en la pata y tres en la cola, pues la pajarita no consta al exterior más que de cabeza, patas y cola. Las dos partes de la cabeza son respectivamente protocéfalo o cabeza anterior (núm. 1), metacéfalo o cabeza posterior (núm. 2); las tres de la pata son: protópodo (núm. 3), mesópodo (núm. 4) y metápodo (núm. 5), y las tres de la cola: protocerco (núm. 6), mesocerco (núm. 7) y metacerco (núm. 8). Todas ocho partes son triangulares y de triángulos iguales, triángulos rectángulos isósceles, siendo por consiguiente la pajarita un ser esencial y eminentemente triangular, un ser triánguli[1]rectánguli-isoscélico. Y aquí tenemos una nueva, admirable, providencial y teleológica armonía al ver la perfección suma de nuestra pajarita, compuesta como de primeros elementos o células de sesenta y cuatro triángulos rectángulos isósceles, tal y como se ve en la adjunta figura en que están marcados aquellos dieciséis que forman la parte exterior de la pájara bien plegada. Y aquí tenemos como lo anatómico surge de lo histológico, lo macroscópico de lo microscópico, y como todo ser depende en cuanto a su organización y forma de los elementos primarios que le constituyen. Sabido es, en efecto, que la diferencia entre la célula vegetal y la animal, encerrada aquella entre duras paredes y como anquilosada y presa entre ellas y más libre la célula animal, a modo de ameba —el glóbulo de la sangre nos ofrece un caso de célula animal libre— sabido es, digo, como tal diferencia es lo que principalmente condiciona las diferencias de estructura que entre el vegetal y el animal existen. Del elemento primario arranca la fábrica toda de un ser. Lo vemos en la arquitectura, en que las formas de conjunto están condicionadas por el elemento, por la célula arquitectónica, que se emplee, y así tenemos arquitectura en madera, imitada luego en piedra, arquitectura en piedra o de sillares, arquitectura del ladrillo y hasta arquitectura del hierro. Para desarrollar este punto, consultaré las obras especiales de arquitectura y me dará lugar a ilustrar esta parte de mi obra con profusión de grabados de los principales monumentos egipcios, asirios, caldeos, frigios, griegos, etc., etc. Y la pajarita es, a no dudarlo, la forma arquitectónica, digámoslo así, que el papel pide y exige, la forma que del papel surge naturalmente, la perfección de la figura en papel, el perfecto ser papiráceo. Todo en ella es admirable, no siendo de agotar la serie de armonías y misteriosas relaciones que nos presenta. La pajarita es, ante todo, un ser triangular, o, mejor dicho, triánguli-rectánguli-isoscélico, y como el triángulo rectángulo isósceles es la mitad de un cuadrado, vemos su relación íntima y profunda con el cuadrado que tanto papel juega en nuestra mensuración. En las líneas de la pajarita unas, como las que van de la coronilla al pico o de la rodilla al pie, son como lados del cuadrado, y otras, cual las tres líneas que partiendo del centro van a parar al pico y a los extremos de la pata y la cola, son como diagonales del mismo cuadrado, es decir que tomando a aquellas, como se las debe tomar, de unidad, equivalen estas a x?2, cantidad inconmensurable con la unidad. Y que aquí cómo se introduce en la esencia de la pajarita la misteriosa relación de la inconmensurabilidad.



Esta inconmensurabilidad es a la pajarita lo que la espiritualidad al hombre, y ella nos dice que debe la pajarita tener una vida suprasensible, porque ¿es de creer que el Supremo Autor de todo lo creado la dotara sin objetivo alguno de semejante inconmensurabilidad? ¿hemos de suponer que no tenga fin alguno trascendente esta misteriosa relación de ?2? Todo en la pajarita revela bien a las claras un plan preconcebido, todo nos demuestra un oculto designio, y como no hemos de ser tan toriles que supongamos que el niño que materialmente la construye sepa de triángulos isósceles ni de inconmensurabilidades ni de x?2, forzoso nos es admitir que no es el tal niño más que instrumento ciego de un Poder Supremo, que a más altos destinos que el de entretenerle endereza a la pajarilla. Y aún nos atrevemos a sospechar que se haya hecho al niño para la pajarita y no a esta para aquel, aun cuando tan plausible sospecha pueda herir la vidriosa susceptibilidad del rey de la creación. Mas de esto del origen y finalidad de la pajarita, hablaré más adelante. Otra maravillosa armonía es que la pajarita, vista en proyección, llena un área que equivale a la mitad del cuadrado en que se inscribe, ya que, como vimos en anteriores figuras, consta de ocho triángulos de los dieciséis de que el cuadrado consta. Es decir que es su área la mitad del área del cuadrado en que se inscribe, lo mismo que el área de cada uno de los triángulos de que consta es la mitad del área de un cuadrado; ¡admirable armonía! Además si consultamos la 2.ª figura de la misma página, veremos que los triángulos marcados en oscuro, son 16, siendo 64 el número total de los que componen el óvulo primitivo, surgido del protoplasma papiráceo, el número total de células triangulares de la mórula embriónica papirácea, es decir, que el área exterior, que la piel de la pajarita es la cuarta parte, y ni más ni menos que la cuarta parte, del área del óvulo cuadrado, ¡nueva y misteriosa armonía! Así continuaré analizando en mi obra las distintas y maravillosas relaciones métricas, conmensurables e inconmensurables, que de la estructura admirable de la pajarita se derivan, y luego de analizar sus relaciones estáticas, me fijaré en las dinámicas. En las dinámicas he escrito, aunque haya quien crea, equivocadamente, que en la pajarita no cabe dinamismo. ¿Y cuál es el dinamismo de la pajarita, el dinamismo cocotológico? Pues es el que resulta de mantenerse ella en pie, porque la función de la pajarita consiste en mantenerse en pie. Este mantenimiento es su fisiología.

Y no se me diga que el mantenerse en pie es algo estático y no dinámico; no, es dinámico y muy dinámico. Más esfuerzos hacen falta muchas veces, para mantenerse en pie que para avanzar. ¿Es que un cadáver puede mantenerse en pie como un hombre vivo? Luego la pajarita que se mantiene en, pie, es una pajarita viva. Y no se me diga, no, que en tal sentido nada hay que no sea dinámico y que lo es lo estático mismo, y que no sé bien la diferencia que entre lo estático y lo dinámico media, pues es estático un sistema de fuerzas en equilibrio; no se me diga esto, que no haré caso y seguiré en mis trece, pues yo me entiendo y bailo solo. El dinamismo de la pajarita, digo, consiste en que se mantiene ella en pie y en equilibrio estable y se mantiene sobre tres puntos —puntos y no superficies, fijémonos bien en ello—, que son los dos puntos de los extremos de sus metápodos y el punto en que el protocerco, el mesocerco y el metacerco se encuentran. Se sostiene sobre tres puntos, determinantes de un plano siempre, sobre tres puntos, sobre un triángulo isósceles, aunque no rectángulo, dado que de los dos extremos de las patas al punto de apoyo de la cola, hay la misma distancia, ¡nueva, maravillosa y sorprendente armonía triangular! Y obsérvese la perfección con que la pajarita pisa y se sostiene en tierra, véase que no toca al suelo más que con los tres puntos, determinantes de un plano, precisos para mantenerse en equilibrio estable, que tiene el menor contacto posible con la tierra, y dígasenos si no es esta una nueva y mirífica perfección de su ser, que le eleva por sobre tantos plantígrados humanos, que necesitan tocar el mayor suelo que ocupar puedan. La pajarita es un ser trípode, y la perfecta pajarita, la pajarita arquetípica o ideal, no tocaría a tierra más que en tres puntos geométricos, en tres puntos puros, determinantes de un puro plano. No hay más que otra figura que toque a tierra con menor número de puntos que es la esfera que solo sobre uno se sostiene, pero sostiénese en equilibrio inestable y no en estable. Y ¿quién duda de que el triángulo sea figura más perfecta que el círculo? Porque si son maravillosas y sorprendentes las relaciones del círculo, tan maravillosas y sorprendentes son las del triángulo, siendo este más vario que aquella a mayor abundamiento. Porque en el círculo apenas hay más que unidad, mientras que en el triángulo hay unidad, variedad y armonía, unidad de espacio cerrado, variedad de lados y ángulos, armonía de figura. Así ha sido siempre honrado y respetado el triángulo, y con él el número tres que de él deriva, el misterioso número tres, el primer número compuesto de un impar y de un par y precisamente del primer impar con el par primero. Aquí haré un caluroso elogio del número tres, enumerando las principales categorías y potencias que se nos dan en terna o triada, y fijándome muy en especial en la Libertad, Igualdad y Fraternidad; Dios, Patria y Rey; Agricultura. Industria y Comercio; Verdad, Bondad y Belleza; Oriente, Grecia y Roma; etc., etc., etc.

Vamos ahora a la China, a ese país antiquísimo que guarda las más venerables reliquias de la infancia del género humano. Y una vez en China haré un caluroso elogio del interesante pueblo chino para concluir encareciendo la importancia del tangram o chinchuap, especie de rompecabezas chinesco, que sirve de distracción a los niños y que se ha adoptado en no pocas escuelas de Europa para desarrollar el sentido geométrico de los niños. Consta el tangram de siete piecitas de madera u otra materia, cortadas al modo que se ve en la figura adjunta y con las cuales puede hacerse todo género de combinaciones. Es un juego muy conocido. Ahora bien, yo sostengo que semejante juego procede de la pajarita, y que a no más que construir la figura de la pajarita se endereza, ya que sus últimos elementos, aquellos de que sus siete piezas constan, no son ni más ni menos que los dieciséis triángulos rectángulos isósceles de que el cuadrado en que se inscribe la pajarita consta, sin más que la dislocación de dos de ellos. Y buena prueba de que el tangram chinesco se enderezaba a la comprensión de la pajarita es que, como se ve en las figuras adjuntas, se forman con sus siete piezas de un lado el óvulo papiráceo juntamente con la figura de la pajarita, pudiendo superponer esta sobre aquel, y de otro lado la pajarita toda. Así proseguiré desarrollando la anatomía geométrica de la pajarita.


Origen y fin de la Pajarita - El origen de cada cocotte o pajarita se nos aparece a primera vista muy claro y obvio, la construimos nosotros con nuestras propias manos tomando un pedazo de papel. Mas ya hemos visto que al construirla no pasamos de ser humilde instrumento de una Potencia Suprema e Inteligente que guía nuestras manos. Aquí de lo que quiero tratar es de su origen filogénico, del origen de la especie. Porque nosotros las aprendimos a hacer por haber visto hacerlas, mas ¿quién las ideó primero? ¿las ideó alguien? ¿surgieron de la nada, del azar o de Inteligencia creadora y ordenadora? ¡Grave cuestión! ¿Podrá haber quien nos persuada torpemente de que ser tan maravilloso, dotado de tantas y tan excelsas perfecciones, vaso de tan admirables relaciones métricas conmensurables e inconmensurables, estáticas y dinámicas, de que este perfecto ser papiráceo pudo ser obra del acaso? ¿Tendremos que recordar lo de que echando al azar caracteres de imprenta no pudo salir la Ilíada? ¡Lejos de nosotros Demócrito y Leucipo y Holbach y los materialistas todos! ¡Oh ceguera de los hombres! ¡oh dureza de sus corazones! No, no es posible que nos persuadan de doctrinas tan absurdas como impías. Ha surgido en modernos tiempos una secta proterva e impía llamada transformismo, darwinismo o evolucionismo —que con estos y otros tan pomposos nombres se engalana— que en su ceguera y arrogancia pretende que las especies hoy existentes se han producido todas, todas, incluso la humana, unas de otras, a partir de las más sencillas e imperfectas y ascendiendo a las más perfectas y complicadas. Pocas veces se ha visto error más nefasto. Y ¿qué nos dice el flamante transformismo acerca de la pajarita de papel? ¿Podrá hacernos creer que tan perfecto ser se engendrara evolutivamente y no que surgiese de una sola vez y como por ensalmo con las perfecciones todas que hoy atesora? Supongo que nos vendrá diciendo que dado un perfecto cuadrado de papel y doblándolo con precisión no hay modo sino de que se engendren figuras regulares, que doblando un cuadrado por su diagonal por fuerza resultan dos triángulos rectángulos isósceles; pero ¿no veis, desgraciados, que eso que me venís diciendo implica una petición de principio o círculo vicioso? Sí, conozco sus sofismas aparatosos, sofismas de ciencia vana que hincha y no conforta; sé que llevados de su natural soberbia sostienen con pertinacia que los cantos rodados han resultado tales en puro frotarse contra el lecho del arroyo y las aguas y no que fueron hechos rodados desde un principio para que mejor resistieran a la corriente. ¿Qué más? Hay un hecho admirabilísimo, fuente de admiración para todo verdadero sabio, que ha servido a esos falseadores para uno de sus más artificiosos sofismas. El hecho es el de lo maravillosamente dispuestas que están las celdillas de los panales de abejas, en prismas hexagonales, que son las construcciones que acercándose más a los cilindros desplazan menos terreno. ¡Maravillosa economía de espacio! Muchos sabios modestos, profundos y piadosos se han detenido en admirar a la Providencia en esta maravillosa traza, y puesto que no cabe, no siendo llevado de un espíritu sectario, atribuir a las abejas un conocimiento tal de la geometría que sepan cómo son los prismas hexagonales las figuras que mejor encajan unas en otras sin desplazar terreno y ofrecen el hueco que más se acerque al del cilindro, forzoso nos es ver en ello una Inteligencia suprema que las dotó de instinto. Pero he aquí que vienen estos sabios modernos, estos sofistas aparatosos y henchidos de presunción arrogante, y nos dicen que las avispas hacen cilíndricas sus celdillas dejando huecos intermedios, perdiendo terreno, y que si las abejas han llegado a hacerlas hexagonales es porque apretando unos canutillos contra otros acaban por tomar ellos mismos, naturalmente, la forma de prismas hexagonales, y a tal propósito nos invitan a reunir un fajo de tales canutillos, a modo de cigarrillos en paquete, y ceñirlos y apretarlos bien y lo veremos patente.

¡Oh ceguedad de la razón humana, y a qué extremos conduces a los infelices mortales! ¡oh astucias del Enemigo malo! Recordemos que cuando Dios puso a nuestros primeros padres en el paraíso terrenal les dejó todo aquel amenísimo jardín en usufructo, ya que no en propiedad, y solo les prohibió que tocaran a los frutos del árbol de la ciencia del bien y del mal; pero vino el Tentador y les ofreció que serían como dioses, conocedores del bien y del mal y de las razones de las cosas, y probaron del fruto del árbol de la ciencia y se vieron desnudos y cayeron en miseria y de allí arrancan nuestros males todos, entre ellos el primero y el más grave de todos, que es eso que llamamos progreso. La tentación continúa, pues estoy completamente convencido de que todo eso del transformismo no es más que una añagaza puesta con divina astucia a nuestra razón para ver si esta se deja seducir y cree más en sí misma que en lo que debe creer y a que debe confiarse. Todo lo que a los seres orgánicos se refiere está, en efecto, de tal modo dispuesto y trazado que se vea nuestra pobre y flaca razón llevada naturalmente y como de la mano a caer en los errores del transformismo. Paralelismo entre el desarrollo del embrión y la serie zoológica, órganos atrofiados, casos de atavismo, todo se halla ordenado a inducirnos a error. Es evidente que mirada la cosa a la luz de la sola razón, no hay más remedio que caer en el transformismo, pues este solo nos explica la diversidad de especies y su diversidad de formas. La ciencia es implacable y no sirve quererla resistir. La razón cae y tiene que caer naturalmente en el transformismo si la fe no la sostiene sobrenaturalmente. Pero llegará el último día, el día del juicio, aquel en que nos veremos todos las caras, el día en que los ignorantes confundirán a los sabios y aquel día oiremos que se les dice a nuestros flamantes sabios modernos: «Sí, es verdad, todo estaba trazado y dispuesto para haceros creer en que unas especies provenían de otras mediante trasformación, incluso el hombre provenir de una especie de mono; todo llevaba vuestra razón naturalmente y como por irresistible fuerza a tal creencia, pero era ¡ay! para probar vuestra fe y ver si creíais más a vuestra pobre, flaca y soberbia razón que no a palabras que por infalibles debíais tener. Cierto es también que apóstoles del error y de la mentira os hablaron de cierta quisicosa que llamaban revelación natural y de que Dios habla por sus obras y de que es la naturaleza su palabra, su verbo, y de que Él os enseñaba el transformismo y de que era esta una doctrina profundamente religiosa y piadosa en cuanto mostraba al hombre una indefinida ascensión de mejora, pero todo eso eran trampas que se os ponía para probar vuestra fe. Y así como a Faraón se le endureció el corazón y una vez con el corazón endurecido no respondió cuando se le llamaba y fue por ello castigado, así se os castigará ahora por haber creído antes a vuestra razón que no a antiquísimas y venerandas palabras.» Y sonará la fatídica trompeta.

Tal es, sin duda alguna, el hondo sentido de ese moderno y perniciosísimo error que se llama transformismo, añagaza que a la razón se le antepone. Mas a nosotros debe apartarnos de él la asidua y cuidadosa contemplación de las perfecciones que la cocotte o pajarita de papel atesora… * * * Aquí termina bruscamente el manuscrito de los Apuntes para un tratado de cocotología del ilustre don Fulgencio, y es lástima que este nuestro primer cocotólogo, el primero en orden de tiempo y de preminencia, no haya podido llevar a cabo su proyecto de escribir en definitiva un tratado completo de la nueva ciencia. Me ha asegurado que piensa refundirla en su gran obra de Ars magna combinatoria, y aún parece ser que fue la cocotología lo que primero le sugirió tan considerable monumento de sabiduría.-

[fuentes: M. de Unamuno, Amor y pedagogía >> Y Figuras De Origami - Bing images ]

 

Sonntag, 17. Juli 2022

Cantos por las libertades... también la de pensar

 

Los pensamientos son libres ¬ canción popular y política

November 24, 2014

 

Die Gedanken sind frei :Un post editado hace tiempo, que hoy reiteramos a pedido de amigos constantes.- (17/7/2022)  

Revolution 1848    Revol 1848 Zupfgeigen 

Acompañemos cantando  https://www.youtube.com/watch?v=YVc0wBLri1A  

Con Milva     https://www.youtube.com/watch?v=8mLiXApfO8s#t=16 

Cuando protestar era peligroso se cantaba  entre líneas:

 Die Gedanken sind frei -                              

 Los pensamientos son libres -

Die Gedanken sind frei                                 

 Los pensamientos son libres

wer kann sie erraten?                                    

 ¿quién puede adivinarlos?

Sie fliegen vorbei                                           

Se pasan volando

wie nächtliche Schatten.                                 

como sombras nocturnas.

Kein Mensch kann sie wissen,                      

 Ninguno puede conocerlos,

kein Jäger erschießen                                     

ningún cazador puede dispararles

mit Pulver oder Blei:                                       

con pólvora o plomo:

Die Gedanken sind frei!                                 

¡Los pensamientos son libres!—

-2.

Ich denke, was ich will                                    

Pienso lo que quiero,

und was mich beglücket,                               

 y aquello que  me hace feliz,

doch alles in der Still                                     

 pero todo en silencio

und wie es sich schicket.                                

y con todo decoro...

Mein Wunsch und Begehren                          

Mis deseos y necesidades,

kann niemand verwehren,                              

nadie puede prohibirlos;

es bleibet dabei:                                            

 así lo reafirmo:

Die Gedanken sind frei!                                

 ¡Los pensamientos son libres!-

-3.

Und sperrt man mich ein                                

Y aunque me encierren,

im finsteren Kerker,                                        

en el calabozo más oscuro,

das alles sind rein                                          

 todo eso será en vano.

vergebliche Werke.

Denn meine Gedanken                                 

 Pues mis pensamientos

zerreißen die Schranken                                

rompen las barreras

und Mauern entzwei:                                     

 y derruyen murallas:

:Die Gedanken sind frei!                                

¡Los pensamientos son libres!

–4.

Drum will ich auf immer                                 

 Por eso quiero rechazar

den Sorgen entsagen,                                 

 para siempre las preocupaciones,

und will mich auch nimmer                             

 y no he de ajetrearme

mit Grillen mehr plagen.                                  

con negras tribulaciones.

Man kann ja im Herzen                                 

  Pues  dentro del corazón

stets lachen und scherzen                             

se puede reír y bromear siempre

und denken dabei:                                         

mientras se piensa:

Die Gedanken sind frei!                                 

¡Los pensamientos son libres!—

-5                                                                          -5

Ich liebe den Wein,                                        

Yo amo el vino

mein Mädchen vor allen,                                

y sobre todo a mi chica,

sie tut mir allein                                              

sólo ella es la que

am besten gefallen.                                        

a mí más me gusta.

Ich bin nicht alleine                                         

Yo no quedo solo

bei meinem Glas Weine,                                 

con mi copa de vino,

mein Mädchen dabei:                                     

mi chica está conmigo:

Die Gedanken sind frei!                                 

¡Los pensamientos son libres!

 Paulskirche bild 1848  Paulskirche 1848

Paulskirche Frankfurt am Main, sede de la 1ª Asamblea Nacional alemana, 1848
Video  https://www.youtube.com/watch?v=toUDrA1qUZo
Mi querido primo Karlheinz,
referido a tu pregunta sobre el estado de las libertades individuales y públicas en nuestra República, no puedo sino confirmar (desde mi punto de vista de ciudadano y burgués) la plena vigencia de las mismas en el marco de la ley fundamental y una selva de reglamentaciones. Algunos sectores no están conformes con la organización económica y social, y debaten sobre métodos para derribarla sin acordar un sistema que la reemplace (prefieren que nadie añore demasiado la “democracia popular”, aunque hagan lo posible para reinstaurarla). En cuanto a los asilantes y otros residentes “invitados”, tienen dificultades culturales para adaptarse y esto genera discriminación. Sin embargo, sólo los más nazis de nuestra población pretenden expulsarlos o algo peor.
Las lentes vigiladoras que muestra el Video adjunto pululan por villorrios, ciudades y carreteras. Las vemos instaladas en comercios, bancos, calles, estaciones de ferrocarril, hospitales, cárceles y mil sitios más. Quizá contribuyan a recaudar dinero por infracciones y a esclarecer algún delito ya cometido. No pertenezco a la policía ni a los servicios de “defensa constitucional” (léase contrainsurgencia), pero dudo de que disuadan a ningún delincuente decidido o ingenioso. Pero el video mismo, desde su diseño de tapa, es una zurda canallada: pretende sugerir que el actual régimen es igual o peor que el nacionalsocialista.
En cuanto al tema de la libertad de opinión y expresión, nadie se queja ni se le ocurre pensar por su cuenta. En respuesta a tu segunda pregunta (¿ todavía se canta Die Gedanken sind frei ?), te diré que muy pocos la recuerdan. Quienes sí lo hacemos, apenas logramos identificarla en los contracompases de sus versiones rockeras. Me alegro de que en tu blog le hayas rendido un homenaje y que se aplique a la enseñanza o difusión de la lengua alemana.                         
Te saluda tu primo Dietrich von Bern

Aunque el autor de este post no deba explicar actos 
ajenos, se ve obligado a aclarar que la "canallada"
aludida supra fue hasta cierto punto enmendada (por 
mano anónima) al haber sido suprimida ahora en la 
cubierta del video original.La misma sigue 
agraviando desde una imagen interior: colores 
republicanos diseñados con estética nazi y el 
remedo de una arenga de Goebbels: Wollt Ihr den 
totalen Krieg? - ch

La carta de mi primo Dietrich, que acabo de traducir, renueva una somera reflexión sobre el destino de ciertos nombres y sus versiones. Comenzando con su propio patronímico, de tan noble prosapia, que tal vez designe a un héroe semilegendario o bien al afamado rey de los ostrogodos que en nuestros manuales de historia se llamaba Teodorico de Verona, jamás oriundo o vecino de Berna pero sí asentado en Ravenna después de haber derrotado a Odoacro en el 493 de la era cristiana.                                                                   No solamente nombres de personas, sino también los de pueblos, sus ciudades y demás creaciones culturales sufrieron cambios en su esencia y composición. Tanto más los versos trasladados de bocas a oídos por los trovadores, de manuscritos a imprentas, de cantantes a músicos, de salones palaciegos a despachos de cancerberos censores. Quizás estemos echando de menos a los “buenos” censores – eclesiásticos y legos – que hacían la vista gorda no solo ante los manuscritos de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, sino aun frente a los de Don Francisco Gómez de Quevedo Villegas. Hoy sigue habiéndolos, en mayor número y con escritos menos ilustres para censurar, hasta en la más humilde comisaría de campaña – y nada se diga de las redacciones periodísticas o de recónditas oficinas estatales de “inteligencia”.

Como  casi todos los Volkslieder, también ha corrido esa suerte la canción titulada Die Gedanken sind frei. Muchos han estudiado las variantes introducidas en ella para eludir las tijeras, sin que  hubiese acuerdo en las diversas versiones  ni  se esclarecieran sus motivos exactos. Quizás a las tradicionales estrofas de los inicios trovadorescos, los traviesos y tabernarios estudiantes medievales añadieran otras de tono más picaresco. No todas parecieron agradar al romántico y nacionalista recopilador Hoffmann von Fallersleben, quien en 1841 las dejó en cuatro. Mas una 5ª siempre salía indemne en su paso por  cancioneros y panfletos: era la más “frívola” e ideológicamente neutra, y cambiaba de puesto en el orden estrófico de diferentes repertorios. Si era preciso, la escribían o imprimían como primera estrofa. Recordémosla, aun con variantes:

Ich liebe den Wein,
mein Mädchen vor allen,
diese tut mir allein
am besten gefallen.
Ich sitz nicht alleine
bei einem Glas Weine,
mein Mädchen dabei.
Die Gedanken sind frei.

Era una “estrofa-comodín”, a ratos apta para eludir la vigilancia del censor oficial que había en cada uno de los reinos y principados alemanes. ¡Pobre hombre! Cientos de manuscritos, libelos, panfletos y hojas volantes pasaban a diario bajo su cansada vista. Tal vez los clasificara según los títulos o los primeros versos, aprobando sin más leer aquellos que a primera vislumbre parecieran deleznables o “inofensivos”. Una canción que comenzara así no podía ser peligrosa en plena época de la Aufklärung o Ilustración… Aprobada y pasemos  a la siguiente.

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Concluidas las “guerras patrias de liberación” en contra del dominio de Napoléon Bonaparte y afirmadas las viejas dinastías en sus tronos, se reinstaló en Alemania el despotismo de los reyezuelos de opereta, no todos ellos retrógrados ni ignorantes. Pero los rescoldos de la revolución francesa permanecían latentes y de vez en cuando se reavivaban. En 1817 tuvo lugar en cercanías del legendario castillo de Wartburg, otrora refugio de Martin Luther en Turingia, una manifestación política suprarregional de liberales alemanes. Los monarcas, miembros de la “Liga alemana”, sellaron con los Acuerdos de Karlsbad la suerte de ese levantamiento de los “demagogos”. Éstos organizaron otra demostración en 1832, en Hambach,  con demandas de derechos políticos y  unificación nacional. Los colores representativos de estos festejos fueron el negro-rojo-oro, estampados en otros tiempos en los estandartes del viejo Imperio. En la historia de Alemania, ese período anterior a las revoluciones de 1848/49 se denomina “der Vormärz” – o sea la etapa previa al estallido de la insurrección de marzo de 1848.

Durante esa etapa aumentaron las exigencias populares de libertad y nacionalidad; por consiguiente alcanzaron mayor difusión viejas canciones libertarias como Die Gedanken sind frei. La Asamblea nacional, que llegó a reunirse en la Paulskirche de Frankfurt am Main en 1848,  fracasó a raíz de la indecisión política y los recelos recíprocos de las regiones, y ello dio tiempo a los príncipes para rearmarse y resistir el conato. La unidad nacional llegó más tarde, con la lucha armada entre el imperio francés y la Prusia conducida por Bismarck, quien supo conquistarse el apoyo de los demás estados alemanes y erigir así (1871) el primer Reich  unificado. La historia no se detuvo ahí y la canción se siguió cantando, a menudo rebajada a chascarrillo.-

Kalais – pseudónimo anticensura

Wartburg_eisenach1

Die Wartburg, cuna de las libertades alemanas

(Patientez-vous, s’il-vous plait: la página está en instalación)

Samstag, 16. Juli 2022

Paul Valéry: El cementerio marino – traducido y comentado

 No torcer muecas ante traducciones de poesía. Recibirlas como propuestas o desafíos de reinventarlas, aunque que el intento se revele como un placer inútil. (Disculpa de posteador aficionado).- ch

Versión de Gutiérrez Hermosillo https://biblioteca.org.ar/libros/133509.pdf

MonsieurTeste file:///C:/Users/Usuario/Desktop/Teste.pdf (abrir archivo)

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Paul Valéry, poeta

EL CEMENTERIO MARINO en versión de Joaquín Hinojosa http://www.bikondoa.com/imagenes/2017/07/el-cementerio-marino-poema.pdf

Alma mía!, no aspires a una vida inmortal, pero agótala hasta el límite de lo posible. Píndaro, Píticas III

I Este calmo techo, surcado de palomas, Palpita entre los pinos y las tumbas; El exacto sol del mediodía tiñe de fuego El mar, ¡el mar, siempre renovado! ¡Qué recompensa para el pensamiento Contemplar largamente la calma de los dioses! II ¡Qué obra pura de gráciles relámpagos consuma En vario diamante de inaprensible espuma, Y qué paz de él parece desprenderse! Cuando sobre el abismo se detiene el sol, Trabajos puros de una causa eterna, El Tiempo resplandece y el Sueño es saber. III Firme tesoro, sencillo templo de Minerva, Masa de calma y visible reserva, Agua parpadeante, Ojo que en ti guardas Tantos sueños bajo un velo de llamas, ¡Oh mi silencio!… Edificio en el alma, Cúpula dorada con miles de tejas, ¡mi Hogar! IV Templo del Tiempo, que en un suspiro se resume, A este lugar puro asciendo y me acomodo, De mi paisaje marino rodeado; Y como suprema ofrenda mía a los dioses, El sereno resplandor esparce Sobre las alturas un desdén soberano.

V Como la fruta se diluye en goce, Como en delicia su ausencia se convierte En una boca donde su forma muere, Así yo aspiro aquí el humo de mi pira futura, Y el cielo canta al alma consumida En el cambiante rumor de las orillas. VI Hermoso cielo, cielo verdadero, ¡mira mi cambio! Después de tanto orgullo, después de tanta extraña Ociosidad, pero plena de potencia, Me abandono a este brillante espacio; Sobre las casas de los muertos mi sombra pasa Sometiéndome a su tenue movimiento. VII Mi alma, expuesta a las llamas del solsticio, Yo te ofrezco, ¡admirable justicia De la luz de las armas despiadadas! Pura te devuelvo a tu lugar original. ¡Mírate!… Pero devolver la luz Supone dejar en sombras una triste mitad. VIII Para mí solo, en mí solo, en mí mismo, Cerca del corazón, de las fuentes del poema, Entre la nada y la acción pura, Aguardo el eco de mi íntima grandeza, Amarga, sombría y sonora cisterna, ¡Perenne eco en el alma de un oculto futuro! IX ¿Sabes tú, —falso cautivo de la fronda, Húmedo devorador de estas enjutas rejas, Sobre mis ojos cerrados, deslumbrantes secretos—, Qué cuerpo me arrastra a su perezoso fin, Qué frente me atrae a esta ósea tierra? Por un instante pienso en mis ausentes.

X Reservado, sagrado, pleno de un fuego inmaterial, Fracción terrestre ofrendada a la luz, Me fascina este lugar, sometido a las antorchas, Formado de oro, de piedra y de árboles sombríos, Donde tanto mármol tiembla entre tantas sombras; ¡El mar fiel duerme aquí junto a mis tumbas! XI ¡Perra espléndida, aparta lo idólatra! Cuando solitario, con sonrisa de pastor, Apaciento largamente, misteriosos corderos, El blanco rebaño de mis tranquilas tumbas, ¡Aleja de mí las cautas palomas, Los sueños vanos, los ángeles curiosos! XII Llegado aquí, el porvenir es quietud. El nítido insecto rasca la sequedad; Todo está quemado, deshecho, evaporado En no sé qué severa esencia… Borracha de ausencia, la vida es vasta, La amargura es dulce y claro el espíritu. XIII Los escondidos muertos se sienten bien bajo esta tierra Que los abriga y agota su misterio. Mediodía en el cenit, Mediodía inmóvil Que en sí se piensa y se basta a sí mismo… Cabeza plena y diadema perfecta, En ti alienta mi secreto cambio. XIV ¡Sólo a mí me tienes para detener tus temores! ¡Mis culpas, mis dudas, mis contradicciones, Son la mácula de tu gran diamante!… Pero en su noche preñada de mármoles, Un pueblo errante por las raíces de los árboles Por ti ha tomado partido lentamente.

XV Se han fundido en una espesa ausencia, La roja arcilla ha bebido la blanca especie, ¡El don de la vida ha pasado a las flores! ¿Dónde están las frases familiares de los muertos, Su forma de ser, sus peculiares almas? Las larvas hilan en la fuente del llanto. XVI Los agudos gritos de trémulas muchachas , Los ojos, los dientes, los húmedos párpados, El seno seductor que juega con el fuego, La sangre que brilla en los labios que se rinden, La definitiva entrega, los dedos que se defienden, ¡Todo late bajo tierra y todo entra en juego! XVII Y tú, gran alma, ¿esperas un sueño Que no tenga estos mentirosos colores Que a los ojos carnales muestran el oro y las olas? ¿Cantarás aún cuando sólo vapor seas? ¡Todo fluye! Porosa es mi presencia, ¡Y la santa impaciencia también muere! XVIII Escuálida inmortalidad negra y dorada, Consoladora horriblemente laureada, Que de la muerte haces un seno maternal, ¡Bella mentira y piadosa argucia! ¡Quién no conoce, y quién no rechaza Ese cráneo hueco y esa risa eterna! XIX Padres abismales, cabezas deshabitadas, Que bajo el peso de tantas paladas de tierra, Sois tierra y confundís nuestros pasos, El auténtico roedor, el gusano irrefutable No está en vosotros que dormís bajo las losas, ¡Vive en mí y no me abandona!

XX ¿Amor, quizá, u odio a mí mismo? ¡Su secreta dentellada siento tan cercana, Que puede esconderse tras cualquier nombre! ¡Qué importa! ¡Él ve, quiere, sueña, palpa! Gusta de mi carne incluso cuando duermo, ¡Pertenecer a este viviente me mantiene vivo! XXI ¡Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea! ¡Me has traspasado con tu alada flecha Que vibra y vuela, pero que no vuela! ¡Su sonido me engendra y la flecha me mata! ¡Ah! El sol… ¡Qué sombra de tortuga Sobre el alma, inmóvil Aquiles de veloces pies! XXII ¡No, no!… ¡En pie! ¡Hacia la siguiente etapa! ¡Rompe, cuerpo mío, esta actitud pensativa! ¡Respira, pecho mío, este naciente viento! Una frescura, del mar exhalada, Me devuelve mi alma… ¡Oh salada fuerza! ¡Corramos sobre las olas en un palpitante renacer! XXIII ¡Sí! Mar inmenso cargado de delirios, Piel de pantera y clámide traspasada Por miles y miles de imágenes solares, Hidra absoluta, ebria de tu carne azul, Que te remuerdes la refulgente cola En un tumulto semejante al silencio. XXIV ¡El viento se levanta!… ¡Hay que intentar vivir! ¡El aire inmenso abre y cierra mi libro, Las olas pulverizadas osan surgir entre las rocas! ¡Volad, páginas deslumbradas! ¡Romped, olas! ¡Romped en aguas gozosas Este techo calmo donde picotean los foques!

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La creatividad poética. La práctica simbolista – por Jorge Urrutia Gómez* > https://www.scielo.cl/pdf/atenea/n515/0718-0462-atenea-515-00013.pdf

El estudio de la literatura simbolista –y especialmente de la poesía– nos tiene acostumbrados a elucubraciones históricas, teóricas y descriptivas, más brillantes unas que otras, más repetitivas algunas, que buscan dilucidar el cuándo, el porqué y el para qué de un tipo de tematización y de expresividad. Raramente se plantea lo que, a la hora de la verdad última, constituye la literatura, es decir: la propia escritura, ya sea en el sentido barthesiano, ya en el más terreno y de taller que sería el sentido inmediato y práctico de la elección y la combinación de los términos o de la ordenación de los conceptos. El poema simbolista es sobre todo expresión. No hay modo de resumir su contenido, lo que el poema dice en su superficie y literalidad, tal y como pretenden esos descabellados libros sobre el comentario de textos que hicieron fortuna en la enseñanza a partir de los años sesenta del siglo pasado. El contenido del poema simbolista es el propio poema. Incluso podríamos decir que es el propio poema haciéndose. Claro que, en ocasiones como la que vamos a ver, el poema, junto a otros, va creando un mundo propio, suyo, no del poeta, que cada uno va expresando parcialmente. La referencia, entonces, es ese mundo que en su totalidad nos daría a conocer el libro o la Obra, con mayúscula. En cualquiera de los dos casos, poema, libro u obra exigen que el poeta adopte unas decisiones formales, unas elecciones léxicas, unas opciones sintácticas y, también, unas estrategias simbólicas que manifiestan tácticas metafóricas. Todo esto está mucho más acá de las teorizaciones, las cuales podemos calificar de metafísicas por permanecer más allá y lejos de la acción real de escritura. El resultado de una batalla puede depender de la rapidez con que los soldados cambien el peine gastado del fusil, más que de la genialidad organizativa del general. Así, la teoría del simbolismo llega a hablarnos de la creación de un lenguaje segundo que permita la expresión de la interioridad, gracias a la capacidad sugeridora de la lengua. ¿Pero cómo teorizar lo que sólo es producto de una práctica concreta y pocas veces repetible? Hace años, un profesor de amplio saber y de experiencia quiso llevar a cabo, en una universidad española, una explicación similar a la famosa que Gustave Cohen realizase en la Sorbona de Le cimetière marin. No vuelvo ahora sobre el caso francés, pero sí sobre el español. El profesor, que ha fallecido hace poco, justificaba la razón de una palabra en el poema español comentado y cómo ésta repercutía en la totalidad. Alababa luego la sabiduría del poeta. Éste, modestamente, daba las gracias, pero confesaba que en un borrador había primero escrito otro vocablo, que sustituyó simplemente para evitar una rima interna.

Se podrá argumentar que la experiencia escritora acumulada e interiorizada por el poeta le permitió elegir entre las distintas posibilidades, y esto sin duda es cierto. Pero, de todas formas, ¿cómo teorizar cuándo y por qué mantener o suprimir la rima interna? Y, sobre todo, ¿de qué manera teorizarlo antes?, porque a posteriori resulta mucho más fácil encontrar justificaciones. El famoso verso “un no sé qué que quedan balbuciendo”, del Cántico espiritual, de Juan de la Cruz, es un hallazgo prodigioso. ¿Mas cómo teorizarlo con anterioridad, cómo prever lo que sea un logro y no una cacofonía antiestética? La eliminación de la rima interna o el mantenimiento de la aliteración son ejemplos del modo en que un acto más o menos caprichoso puede organizar un poema durante el proceso de escritura, por encima de las intenciones iniciales del poeta. En el prólogo que Paul Valéry escribiese a la hora de publicarse el comentario de Cohen, pueden leerse algunos argumentos que permiten no extrañarse de la respuesta que diese el poeta español. El autor de El cementerio marino dice tener el recuerdo de mis intentos, de mis tentativas, del desciframiento interior de esas inspiraciones verbales, imperiosísimas, que imponen de repente una determinada combinación de palabras; como si esa agrupación que se nos viene a la mente poseyera no sé qué fuerza intrínseca […] que a veces puede constreñir la mente a desviarla de sus planes y al poema a ser algo totalmente distinto de lo que iba a ser y de lo que se pensaba que debiera ser (Valéry, 1967, pp. 14-15)1 .

 Aún más evidente resulta su comentario sobre lo que quiso hacer, sobre su intención inicial. Esta intención sólo fue al principio una figura rítmica vacía, o llena de sílabas vanas, que me obsesionó durante algún tiempo. Advertí que esa figura era decasílaba, y me hice algunas reflexiones sobre dicha forma, muy poco empleada en la poesía moderna; me parecía pobre y monótona. […] El demonio de la generalización me sugirió el intento de elevar ese Diez a la potencia del Doce, y me propuso una estrofa de seis versos y la idea de una composición basada en el número de esas estrofas y en una diversidad de tonos y funciones. Entre las estrofas, deberían figurar contrastes o correspondencias. Esta última condición pronto exigió que el posible poema fuese un monólogo del “yo”, en el que los temas más sencillos y más constantes de mi vida afectiva e intelectual […] fuesen recordados, tramados, contrapuestos… […] Era preciso que mi verso fuera denso e intensamente rimado. […] El tipo de versos elegido y la forma adoptada para las estrofas me proporcionaban condiciones que favorecían ciertos “movimientos”, que permitían determinados cambios de tono, que reclamaban cierto estilo… El cementerio marino estaba ya concebido (Valéry, 1967, pp. 22-24).

No se refiere Paul Valéry a que su poema se concibiese también temáticamente, sino tan sólo a una forma que arrastraba, o al menos posibilitaba, el contenido. “El cementerio marino”, para su autor, es una estructura rítmico-versal que vehicula unas preocupaciones, una reflexión vital. De producirse un cambio, por ejemplo en el modo de rimar, todo podría ser distinto. Busquemos un ejemplo español. El título Piedra y cielo, de Juan Ramón Jiménez, que corresponde, a mi entender, a uno de los libros más plenamente simbolista de la poesía europea, surge de la oposición tierra/ cielo. Démosles a estas palabras los valores semánticos que queramos, pero siempre prevalecerán los de permanencia, invariabilidad, concreción y dureza, en la primera, y los de evanescencia, ilimitación, variabilidad, inconcreción y penetrabilidad, en la segunda. Además, no puede olvidarse el valor de la oposición del concepto de humanidad y de lo humano frente a la divinidad y lo divino. El sustantivo /piedra/ permite mantener esas oposiciones a la vez que se renueva la de tierra/cielo. Todo lo positivo recaerá sobre el segundo término y, por ello, lo negativo pertenecerá al primero. Ahora bien, lo mismo hubiera sucedido de haberse utilizado, por ejemplo, la palabra /roca/. Si el poeta prefirió /piedra/ se debió, sin duda alguna, a que es palabra asonante con /tierra/. El análisis semántico pierde, pues, gran parte de su importancia por un simple (o poéticamente no tan simple) motivo de sonoridad. Por no hablar de una motivación totalmente externa que también pudo influir: el bohemio reconducido Pedro Barrantes había publicado en 1896 un libro de poesía titulado Tierra y cielo. Un poema simbolista se justifica por la búsqueda de la coherencia interna que no es, como en el caso del poema militante, de origen ideológico o filosófico, sino fundamentalmente estético en un nivel de uso, de escritura, y no teórico. Gastón Bachelard, en La psychanalyse du feu, hablaría de “logique intime” (Bachelard, 1992) y el poeta Yves Bonnefoy comentaría que ello hace que el sujeto tenga aún sentido (véase Pageaux, 1997), pues se autentifica. El sistema de comunicación literario (artístico en general) sabemos que incorpora al sistema clásico ternario –que no entro a discutir ahora– una matización del mensaje que incorpora al qué el cómo. En la poesía, ese cómo puede llegar a cargar con gran parte del qué. Sospechamos que la teoría poética es una ciencia abstracta –lícita y útil, desde luego–, relacionada con la filosofía, en cualquier caso descriptiva, que poco tiene que ver con la práctica de la escritura poética, limitándose sus coincidencias a los aspectos previsibles que ya denunciara Lucien Goldmann al hablar de la novela. La escritura de la poesía simbolista, específicamente, progresa sobre una serie de elecciones inmediatas, unas puramente formales, otras conceptuales, la mayoría de matización del símbolo, pero siempre difícilmente teorizables, algunas de las cuales quisiera intentar mostrar a partir de un puñado inicial (o, si se prefiere, un ramillete) de poemas de Piedra y cielo. No haré comentarios de poemas exentos –algunos hice ya en mis libros Las luces del crepúsculo y Hallar la búsqueda (Urrutia, 2004, y 2013), ambos sobre la gestación e historia de la poesía simbolista española–, sino que buscaré justificar los unos por el necesario y obligado desarrollo de la simbología fijada en otros.

La poética de Juan Ramón Jiménez articula dos universos. El primero es un universo teórico o místico. El segundo es un universo práctico de escritura. Entre ambos se producen interconexiones, promovidas por la escritura, que permiten la existencia de los poemas y, sobre todo, cohesionan la significación. Sin embargo, son universos a la vez autónomos y dependientes que ofrecen al poeta campo para el desarrollo de su práctica definitoria pero que, a la vez, imponen ciertas obligaciones para significar coherentemente. Además, sólo existen por la expresión. La mística surge, precisamente, de que únicamente existen por y para la escritura. El primer universo es el de la poesía, entendida ésta como absolutamente comprensiva. Es la belleza, la verdad, la bondad, la perfección, la luz, el calor, la inmensidad, la eternidad, el todo… Hay, pues, un eco divino en esa concepción. No olvidemos el famoso final de “Oda a una urna griega” de Keats: “Beauty is truth, truth beauty, –that is all / Ye know on earth, and all ye need to know” (La belleza es verdad y la verdad belleza. En la tierra / Eso sólo sabéis, y es cuanto os hace falta)2 . La poesía, a través del proceso de creación, permite que se elabore el poema, pero sólo a través del poema podemos llegar a la poesía. Es una teoría poética, por lo tanto, que surge de la tensión entre la abstracción y la concreción. No voy a entrar en lo que, dentro de la historia de la poesía española, haya de becqueriano en el planteamiento, porque no es mi tema hoy, pero sí subrayo aquello que de temporalidad reversible tiene la idea, sólo resoluble por el proceso de creación, es decir, por la escritura. El poeta, Juan Ramón Jiménez, se ve obligado a tratar todos los aspectos de la problemática que ha concebido para conseguir la comprensión del lector pero, también, para que la fábrica, el edificio, no se desmorone. Si el poeta pretende alcanzar la poesía con y por el poema, pretende integrarse en aquélla, en el todo, sin dejar de estar en éste, la cosa. El poema VII (p. 173 ) de Piedra y cielo expresa ese deseo autodesgarrador sentido a la vez como deseo y como tragedia.

¡Qué inmensa desgarradura la de mi vida en el todo, para estar, con todo yo, en cada cosa: para no dejar de estar, con todo yo, en cada cosa! Naturalmente, con mayor o menor conciencia, es ésta una poética que tiene su propia tradición. Jiménez se referiría a Juan de Cruz y a Bécquer, pero a nadie se le escapa que no pueden dejarse de lado a Novalis o a Rimbaud, a quien consideraba “poeta de primer orden”. Recomienda incluso leer algún poema de Rimbaud para saber “lo que es una cosa bien hecha” (Guerrero Ruiz, 1998, p. 114). Esta referencia a Rimbaud no es extemporánea. Octavio Paz, en Corriente alterna, busca, más que definir, describir la poesía moderna y afirma que “el poeta nombra a las palabras más que a los objetos que éstas designan”, o que “el poeta moderno no dice al mundo sino a la palabra sobre la que el mundo reposa”. Estas frases de Paz resultan algo confusas debido a que utiliza verbos transitivos como intransitivos. Entiendo que en el primer caso quiere afirmar que el poeta nombra las palabras y no los objetos, aunque siempre se pronuncian, se nombran, palabras. Los objetos, en cambio, se designan. En el segundo caso, la comprensión es más complicada porque no es lo mismo decir el mundo, referirlo, que decir al mundo, hablar con él. Debemos entender que el ensayista pretende distinguir entre el uso de las palabras como transparencia del objeto, del uso de la palabra como entidad de algún modo independiente. El ejemplo que proporciona es el conocidísimo inicio del poema “L’Éternité”, de Rimbaud, publicado primeramente en 1872 y recogido, con variantes, al año siguiente, en Une saison en enfer. Elle est retrouvée! Quoi? L’éternité. C’est la mer allée Avec le soleil.

Del ejemplo deduce Octavio Paz que “la poesía moderna es una tentativa por abolir todas las significaciones porque ella misma se presiente como el significado último de la vida y el hombre”4 . Esta afirmación dejaría fuera de lo contemporáneo la propia obra poética del poeta mexicano, pero también a Juan Ramón Jiménez cuando dice, en Eternidades (mantengo la peculiar ortografía del poeta): ¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas! … Que mi palabra sea la cosa misma creada por mi alma nuevamente. Porque Juan Ramón sabe que la palabra siempre significa. Frente a la destrucción del verbo o a su invención, a la manera en que actuará Vicente Huidobro en Altazor, prefiere su resignificación a través de un nuevo uso contextual. Así, por ejemplo, la palabra /tarde/ no significa en Juan Ramón Jiménez lo mismo que en la vida normal diaria, pero tampoco lo mismo que en los poemas de Antonio Machado. Que el significado último de la vida pudiera ser la poesía, entendida como plenitud, no implica abolir todas las significaciones, sino graduarlas. Sí acierta, en cambio, Paz, cuando afirma que “el fondo brota de la forma y no a la inversa” (Paz, 2000a, p. 490), aunque esto también habría que matizarlo. Los versos de Rimbaud no son palabras desprovistas de significado, sino una simbolización conceptual de la eternidad como brillo del mar que se confunde con el sol. No es, pues, que las palabras simbolicen la eternidad, sino que la imagen del mar huido, fundido, con el sol, simboliza la eternidad. Rimbaud, en Une saison en enfer introduce el poema advirtiendo que, llegado a la felicidad, olvidaba el cielo azul, que no viene a ser sino vulgaridad, para vivir hecho una “étincelle d’or de la lumière nature”; se sumerge en la eternidad como una chispa dorada de la luz. La poética del Simbolismo español no dejará de coincidir con él. Juan Ramón Jiménez inicia el libro Piedra y cielo con un poema en tres partes titulado, precisamente, “El poema” (p. 11). La primera de ellas se limita a dos versos conocidos por todos: ¡No le toques ya más, que así es la rosa! Sólo contienen estos versos un sustantivo, /rosa/, que pertenece al mundo natural. Otro está elidido y un pronombre lo alude; es el que da título: /poema/. ¿Por qué no debe tocarse más el poema, por qué no resulta conveniente intentar corregirlo de nuevo? Sin duda, porque ha llegado a la máxima perfección posible, como la flor más perfecta es la rosa. Las exclamaciones permiten, además de ofrecer el poema como una exclamación cotidiana de advertencia, dejar en el silencio la situación de enunciación que, concebida con una suerte de teatralidad, debe ocultarse por anecdótica (lo que es habitual en todo el libro). La pureza poética consiste en suprimir la especificación de todo lo que sea anecdótico, histórico. Paul Valéry escribió: “Le roman cherche à donner la vie et moi en quelque sorte je cherche à l’éliminer” (cit. por Chabaud, 1927, p. 54), y Juan Ramón Jiménez hubiera estado de acuerdo en esa diferencia entre novela y poesía, si se entiende por vida cualquier actuación no trascendente. De hecho, Piedra y cielo, que empieza aludiendo al poema, se cierra refiriéndose al libro (poema L, de la tercera parte, p. 144), pues la conjunción de la totalidad de los poemas, de las rosas, deberá haber logrado un libro puro, sin historia, sin anécdota que lo ancle en un momento preciso. A la manera del aleph borgiano (¡con qué atención ha leído Jorge Luis Borges a Juan Ramón Jiménez!), en el libro se da todo en todos los instantes, en todas las edades. Es “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos, […] el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos” (Borges, 2005, p. 623). Quisiera que mi libro fuese, como es el cielo por la noche, todo verdad presente, sin historia. Que, como él, se diera en cada instante, todo, con todas sus estrellas; sin que niñez, juventud, vejez quitaran ni pusieran encanto a su hermosura inmensa. ¡Temblor, relumbre, música presentes y totales! ¡Temblor, relumbre, música en la frente –cielo del corazón– del libro puro!

Otros poemas estarán dedicados en Piedra y cielo a la rosa. Bajo el título “Rosas” encontramos el XXVI (p. 39), el XLVII (p. 61), el XIV de la segunda parte (p. 88) y el XVII de la tercera (p. 109). En el primero no se cita la palabra, en los otros tres, /rosa/ designa sin duda el poema concluido. Pero no es exactamente el significado simbólico lo que nos interesa ahora, sino lo que arrastra la elección primera que se hiciese. La supresión de lo anecdótico y de lo histórico como transcurrir en el tiempo fija los límites conceptuales del poema. En algunos autores las fronteras son las del propio poema. En otros, como en el caso que nos ocupa de Juan Ramón Jiménez, los límites son los del libro. Él busca, incluso, que las lindes fuesen las de la Obra, y de ahí su obsesión de reescribirla toda, para fijarla en su definitivo pensamiento poético, consciente de la evolución que fue sufriendo, desde el realismo al simbolismo, pasando por el decorativismo parnasiano o modernista. El simbolismo español maniobra con palabras que suelen pertenecer al universo de la naturaleza. Una vez fijada /rosa/ como designación del poema perfecto, y aunque el poeta sería libre de buscar otras simbolizaciones, la escritura continúa por el mismo campo semántico, el léxico floral, a la manera de las alegorías. Por otra parte, si el poeta ha considerado su libro como un conjunto de rosas, debe plantearse, por ejemplo, qué ocurre en el caso de que una planta carezca de flores. La justificación no estará en un mundo exterior experimentado, sino en la interioridad del sistema que va creando, en la voluntad de obtener su coherencia, en su lógica, al fin. Si la planta es una simple mata, conviene arrancarla de raíz, pero esto servirá de inspiración, de riego, y afectará al poeta a través de los sentidos, especialmente la vista. Siguiendo una simbología establecida (por ejemplo en el cuadro de Gustave Moreau titulado La vie de l’Humanité, 1886, a cuya importancia ya me he referido en otras ocasiones), la inspiración llega de madrugada, con el inicio de la luz, el poema se escribe al mediodía, cuando la luz y el calor son más fuertes y la escritura cesa por la noche. De modo que es normal que los futuros soles, la gran fuerza creadora, aparezcan en la madrugada como estrellas. Así surge la segunda parte del primer poema del libro (p. 12): Arranco de raíz la mata, Llena aún del rocío de la aurora. ¡Oh, qué riego de tierra olorosa y mojada, qué lluvia –¡qué ceguera!– de luceros en mi frente, en mis ojos!

Resulta evidente que el tema de la ceguera, motivada por la luz desprendida de la poesía, necesita su propio desarrollo, pero no puedo detenerme en ello ahora. Sin embargo, citaré el poema IV (p. 14), donde el poema se equipara al sol y, en la temporalidad interior a la que me he referido, tarda en escribirse: ¡Cuánto tardas en salir, sol de hoy, sol de hoy! ¡Sal, que me ahogo! ¡Que parece que me están reteniendo el corazón! ¡Sal, que me ahogo! Hemos visto que el poema surge desde el amanecer y puede interpretarse como un regalo del sueño. El poeta, entonces, piensa (poema VI, p. 16) en los pescadores que vuelven con la carga de su pesca nocturna, por lo que la palabra /aurora/ pudiera resultar anfibológica, de no percatarnos del distinto contexto: ¡Entera, en la mañana, cada día, para mí; toda cuerpo y alma –flor cerrada de nuevo con la aurora, con su perfume recojido, barca tornada al puerto con el sol de su pesca nocturna, mar adentro, con su vela plegada–; haciéndose gustosa –entera para mí–, como una reina buena, entre sonrisas olvidadas de la gloria, la donación del sueño!

Si leemos las dos partes del poema por separado, lo entenderemos mejor. La poesía se entrega al poeta cada mañana: ¡Entera, en la mañana, cada día, para mí; toda cuerpo y alma haciéndose gustosa –entera para mí–, como una reina buena, entre sonrisas olvidadas de la gloria, la donación del sueño! Pero la floración desaparece cuando, tras la pesca, el pescador retorna a puerto: –flor cerrada de nuevo con la aurora, con su perfume recojido, barca tornada al puerto con el sol de su pesca nocturna, mar adentro, con su vela plegada–; El poema, cualquier poema, no viene dado graciosamente, sino que hay que descubrirlo, extraerlo, trabajarlo. Incluso cuando, escondido en la tierra como las raíces de la mata, se exige excavarlo, al modo en que lo hace el perro divino del poema L (p. 65). Algún crítico observa que Jiménez pudiera inspirarse para este caso en el famoso poema “The Hound of Heaven” (El lebrel del cielo), de Francis Thompson, pero creo que sólo dejó huella, lejanamente, en el título: “Perro divino”. El poeta (y cuando hablo del poeta me refiero siempre al sujeto de la enunciación poemática), transfigurado en can, escarba la tierra húmeda para buscar el poema oculto: ¡Aquí está! ¡Venid todos! ¡Cavad, cavad! ¡Mis manos echan sangre, y ya no pueden más! ¡Aquí está! ¡Entre la tierra húmeda, qué olor a eternidad! ¡Aquí está! ¡Oíd mi aullido largo contra el sol inmortal! ¡Aquí está! ¡Venid todos! ¡Cavad, cavad, cavad!

Por otra parte, al ser emanación de la poesía, materialización de sus características, el poema es, de algún modo, eterno. Por lo tanto, en aparente contradicción, existe antes de nacer. De la tierra húmeda que lo oculta emana un “olor a eternidad”. El poeta viene obligado a referirse a ello y cierra así las tres partes del poema inicial (p. 13): ¡Canción mía, canta, antes de cantar; da a quien te mire antes de leerte, tu emoción y tu gracia; emánate de ti, fresca y fragante! El poema en tres partes que abre el libro se ha desarrollado de modo inverso al que podría esperarse. Primero trata del poema conseguido. Después se refiere al arranque la escritura. Por último, alude a la pre-escritura. Ello le permite al poema mostrar su aspiración de eternidad y obliga al poeta a introducir el tema de la memoria, denominada siempre “recuerdo”. Al recuerdo y la memoria se dedican seis poemas, más largos de lo habitual, en el principio del libro. Dentro del sistema que se construye, el poema surge de una triple contradicción esencial. Como objeto es presente, como escritura concluida es pasado y como poesía es intemporal o eterno. Además, el poema es fruto del incendio, la plenitud creadora, del poeta y, a la vez, de la máxima luz que es la poesía. El poema VIII (p. 18) resulta muy esclarecedor. Primero se pregunta por el presente del poema que va a ser pasado, recuerdo: Este instante que ya va a ser recuerdo, ¿qué es? Música loca, que trae estos colores que no fueron –pues que fueron– de aquellas tardes de oro, amor y gloria; esta música que va a no ser, ¿qué es? Luego entiende que la razón de ser del poema es cerrarse y salir del presente, prescindiendo del poeta. Como hubiera dicho Roland Barthes, en su ensayo “La mort de l’auteur”, “l’écriture est destruction de toute voix, de toute origine”, es el espacio en el que, además de destruirse la voz originaria, se pierde toda identidad y primeramente la del cuerpo que escribiera (Barthes, 1984, p. 63).

Si el autor está ya lejano, el poema resulta, por lograrse recuerdo, eterno: ¡Instante, sigue, sé recuerdo –recuerdo, tú eres más, porque tú pasas, sin fin, la muerte con tu flecha—, sé recuerdo, conmigo ya lejano! …¡Oh, sí, pasar, pasar, pasar, no ser instante, sino perennidad en el recuerdo! Abolido el tiempo, afirmada la caducidad del instante y del poeta, queda la sospecha contradictoria de que la memoria exige al poeta que la sustente y de que el poema, tan material, se consume en el acto de escritura que lo creó: ¡Memoria inmensa mía, de instantes que pasaron hace siglos; eternidad del alma de la muerte! … Instante, pasa, pasa tú que eres –¡ay!– yo! Este instante, este tú, que va a ser muriendo, ¿qué es? La contradicción la tiene que resolver definitivamente el poeta, so pena de que el libro resulte incomprensible. Esa función la va a cumplir un poema muy importante, cuyo título aclara el significado de Platero y yo y será parodiado por Jorge Luis Borges (¡de nuevo Jorge Luis Borges!) en el capitulito “Borges y yo”, de El hacedor: “Yo y yo”. Me buscas, te me opones, como la imagen del chorro, al chorro, en el espejo de agua. Se unen, sobre la imagen de la fuente verlainiana y machadiana, la poesía y el poema y el poeta reflejado. El agua del chorro viene de una historia sin principio ni fin sólo igualable a la voluntad escritora.

¿Cómo hallaré el camino eterno que da el espejo al alma de mis ojos, si vienes tú del fin de ese camino, con igual fuerza que este afán sin cuna, que, como tú de ti, no sé de dónde de mí salta? Mas el poeta no es el sujeto lírico o, si se prefiere, el poeta no es el hombre. El hombre quisiera, en su fuerza creadora, en su iluminación, fundirse con la poesía a través del poema. Mas sólo el sujeto lírico podrá hacerlo. Por ello, desde esa lucidez máxima, Juan Ramón aclara que él aspira a la fusión mística, pero sabe que es imposible, que no cree en ella más que como recurso literario: Todo, en torno, es de luz. ¡Mas yo no puedo ir a ese sinfín que anhela el alma, por este punto –¡el suyo! – a que me sales tú al encuentro. ¡Ay, fuerza de mi imagen –¡vida! más poderosa que yo, ay! Hemos visto los ocho primeros poemas de Piedra y cielo. Estimo que son suficientes para comprender cuál es el sistema poético que Juan Ramón Jiménez pretende poner en pie y cuál es su posición, como hombre y como poeta, frente a él. Es un sistema que busca justificarse desde dentro y el autor se ve arrastrado a completar las lagunas que pudieran ir surgiendo. No hay una teoría previa, un planteamiento anterior a la propia escritura, sino que ella misma, ladrillo sobre ladrillo, verso tras verso, término tras término, va componiendo la fábrica forzada por sus propias necesidades simbólicas. Dice el diccionario que “Fábrica” es cualquier construcción hecha con piedra o ladrillo y argamasa. Más específicamente, se designa con esa palabra a cualquier edificio. Sebastián de Covarrubias explicaba, en 1611, que “las perfecciones de la fábrica consisten en que sea bien trazada, dispuesta, plantada, bien correspondida, desenfadada, proporcionada en sus perfiles, maciza, trabajada y acudida”. Eso es lo que Juan Ramón Jiménez realiza, obtener con ladrillos simbólicos una hermosa fábrica que se elevase desde la piedra hasta el cielo.- https://www.scielo.cl/pdf/atenea/n515/0718-0462-atenea-515-00013.pdf