Mittwoch, 27. Juli 2022

Boccioni: un añejo manifiesto futurista


 


Boccioni: escultura año 1913


 Este movimiento buscaba romper con la tradición, el pasado y los signos convencionales que la historia del arte consideraba como elementos principales a la poesía, el valor, la audacia y la revolución, ya que se pregonaba el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso gimnástico, el salto peligroso y la bofetada irreverente. Tenía como postulados: la exaltación de lo sensual, lo nacional y guerrero, la adoración de la máquina, el retrato de la realidad en movimiento, lo objetivo de lo literario y la disposición especial de lo escrito, con el fin de darle una expresión plástica. Rechazaba la estética tradicional e intentó ensalzar la vida contemporánea, basándose en sus dos temas dominantes: la máquina y el movimiento. Se recurría, de este modo, a cualquier medio expresivo (artes plásticas, arquitectura, urbanismo, publicidad, moda, cine, música, poesía) capaz de crear un verdadero arte de acción, con el propósito de rejuvenecer y construir un nuevo orden en el mundo.

El futurismo fue un movimiento fundamentalmente italiano. El poeta italiano Marinetti recopiló y publicó en el diario francés "Le Figaro" los principios del futurismo en el Manifiesto futurista el 20 de febrero de 1909. Al año siguiente los artistas italianos Giacomo BallaUmberto BoccioniCarlo CarràLuigi Russolo y Gino Severini firmaron el Manifiesto de los pintores futuristas. En 1944, año de la muerte de Marinetti, se concluye finalmente la experiencia futurista que ya desde hacía unos años se había comprometido con la academia, traicionando la inicial alma rebelde. El mismo Marinetti, no obstante continuase a declararse contrario a lo que él llamaba "passatismo", aceptó en 1929 la nombración de académico de Italia por parte del régimen fascista.

 


Por qué somos futuristas (Fragmento)/ Por: Umberto Boccioni (1882-1916)


En mis innumerables discusiones y conferencias tanto en Italia como en el extranjero, siempre he observado en los pintores, escultores, arquitectos y artistas en general la más completa ignorancia acerca de la finalidad de la obra de arte, la más ciega indiferencia acerca de la necesidad de que exista una estrecha relación histórica entre la obra y el momento en que ésta surge. Casi todos consideran la obra de arte como un hecho aislado. Un fenómeno cuya ejecución resulta más o menos grata. Casi todos confunden el acto de pintar, esculpir o construir con el acto de crear. Se engañan pensando que la lagrimita derramada por la primera tontería que se nos ocurre es señal de inspiración. Los pintores, por ejemplo, nuestros queridos y bohemios pintores, quieren pintar como sienten… los pobrecillos, y se estremecen si han de imponer un mínimo de control a sus emociones, seleccionarlas para magnificarlas. Todos, artistas, aficionados y público, tienen un pequeño bagaje de tiernos hábitos sentimentales que defienden a capa y espada y al que se niegan a renunciar incluso ante la evidencia de las verdades más elementales. Los miserables recuerdos azulados de la infancia, las oscuras influencias del atavismo, la languidez de la pubertad… toda esas estupideces: la educación familiar, la necia retórica de la tradición del 48 que nuestros padres y profesores han impuesto durante años, forman para casi todos los artistas con quienes he hablado una especie de blanda escanilla desde donde, acurrucados en la tibieza de su cobardía, se atreven a lanzar tímidas miradas al mundo.

En las naciones prósperas y maduras, como Francia, Inglaterra, Alemania, la gran mayoría de los artistas vive de explorar un rico acervo de tradiciones recientes, de formas generadas por su cultura, a la que corresponde una vigorosa vida social. Casi todas las manifestaciones artísticas adoptan en esos países una aparente modernidad que engaña a nuestros cenáculos… intelectuales Hasta ahora los italianos hemos copiado servilmente esas manifestaciones, guiándonos por las lujosas revistas de arte publicadas en Múnich, Berlín, París y Londres.

En los pueblos más jóvenes, como los escandinavos, los eslavos e incluso los americanos, que se asoman orgullosamente a la vida con ansias de afirmarse y deseos de poner término a siglos de anonimato, los artistas, cuando no practican un verismo grotesco, hurgan en los desvanes del folclore y barnizan el torpe y el sentimental balbuceo de su infancia histórica con lo que han aprendido en París y Münich. De todas formas, los cuantioso recursos financieros de esos países, su escasa tradición artística, el ímpetu maravilloso con que marchan hacia el futuro, favorecen la formación de una aristocracia de aficionados de vanguardia que compara y alienta las manifestaciones aristocráticas de los artistas de vanguardia.

En Italia –donde siempre se han recogido religiosamente los derechos estéticos de Europa que bajan por la cloaca bienal de Venecia- se ha producido un fenómeno artístico que sólo nos parece comparable con un acontecimiento político como la moderna afirmación de los japoneses que han superado su pasado bárbaro oriental.

De un solo golpe, un grupo de artistas geniales, animosos, enérgicos, enemigos de los libros, ha situado a Italia en la vanguardia de las investigaciones plásticas.

Y esto ha sucedido en Italia, donde las energías intelectuales son lastradas por el peso de una raída y humillante tradición milenaria, mezcla de ignorancia y mala fe; en esta Italia volcada totalmente a la tarea de establecer un orden económico y afirmar su unidad política y militar.

Resulta doloroso comprobar el grado de embrutecimiento en que yace la idealidad estética de nuestro gran país, que cuenta con cuarenta millones de habitantes, considerados los más inteligentes del mundo. Cuando los jóvenes de nuestra generación observan la evolución del arte italiano en el siglo XIX, se sonrojan de vergüenza y lloran de desesperación. Es casi imposible colmar el abismo de ignorancia, de cobarde apatía que separa Italia, llamada con arqueológica ironía el país del arte, de la sensibilidad estética de los otros países civilizados.

Quien ve hoy a Italia como el país del arte es un necrófilo que considera un cementerio como una deliciosa alcoba. De este odioso trópico los pintores futuristas nos reímos olímpicamente, para no escupirle a la cara o echar a patadas a cada lerdo que nos lo repite.

Hoy Italia es un país joven y fuerte que será grande ¡y basta! Hay que rehacerlo todo, espiritual y, por tanto, estéticamente. En cambio nos demoramos cultivando los mohos del pasado.

Se declara monumento nacional cualquier sucio y destartalado tugurio que aún ensucia las ciudades italianas. Se pierde el tiempo discutiendo acerca de ese basurero pictórico que es la plaza Delle Erbe de Verona, acerca de los hediondos canales de Venecia, acerca d ese miserable callejón de chamarileros que se llaman via Condototti en Roma, etcétera.

Se cataloga, se glorifica y se ilustra esa melancólica exposición mineralógica que es el foro romano. Se construyen paseos arqueológicos para que los atléticos holgazanes romanos, las jóvenes misses inglesas, las robustas parejas alemanas puedan besuquearse libremente mientras el eterno rufianesco cicerone italiano se fuma su medio toscano con filosofía. En Italia no falta el dinero, no falta la fuerza: faltan los cerebros modernos. Por cobardía odiamos lo nuevo. Somos cobardes en arquitectura e inferiores en todos los países; somos cobardes en música e inferiores en todos los países; cobardes en pintura, cobardes en escultura, cobardes en las artes decorativas, en el mobiliario, en los carteles, ¡en todo!

La historia de nuestro risorgimiento nacional ha sido explotada por una cáfila de escultores famélicos y deshonestos que han desfigurado toda Italia. Exposición tras exposición, nos muestran actualmente la extrema decadencia de una tradición quinientista que sólo consigue arrastrarse aún por la despreciable apatía de los artistas italianos, hijos de un país que debería llevarse la palma del sentido plástico.

Mafias, recomendaciones, protecciones delictivas, cobardías, todo vale con tal de vender y lucrar. Venencia, Milán, Florencia, Turín, Roma, Nápoles, Palermo son infames mercados de tela sucia, de plagios grotescos, de obscenidades escultóricas.

¡Plagio, mala fe, inconsciencia! Pensiones robadas, premios robados, prensa engañada o vendida; ¡y siempre cobardía por todas partes!

Concursos ignominiosos para el arte. Desvergonzada construcción de palacios, decorados y monumentos esperpénticos para la estupidez oficial de todo el mundo. La gesta de un negro sudamericano, la gloria de una nulidad anónima y provinciana siempre encuentran eco en la conciencia de un escultor, un pintor o un arquitecto italiano, siempre triunfa el concepto tradicional: puesto que Miguel Ángel recibió en encargo de la Capilla Sixtina, Rafael el de las Estancias, Leonardo el del Cénaculo, el artista italiano que recibe un encargo, ya se trate de un retrato, un decorado o un monumento, no se da cuenta de que cae y se envilece en la prostitución.

¡El dinero!…, ¡la posición segura!…, tal es el germen de todas las cobardías artísticas italianas. Recibir encargos del Gobierno, ser influyentes, recibir condecoraciones y enriquecerse… ¡Cobardes! ¡Cobardes! ¡Cobardes!

Comprobamos que la aspiración plástica que nos guía a los futuristas italianos se anticipa al menos en un siglo a la sensibilidad artística italiana. Pero una luminosa esperanza nos guía a través de la oscuridad de la ignorancia y de la indiferencia que imperan en nuestro país. ¡Es la certeza de que, en la inevitable y futura distribución del trabajo entre razas, sólo a Italia le tocará fundar un ideal estético supremo con el que podrán identificarse los hombres superiores de raza blanca! ¿Acaso es un sueño demasiado ambicioso?… La situación geográfica, las cualidades de nuestro temperamento, nuestra población en aumento, el predominio del Mediterráneo y la historia de los últimos años alientan nuestra esperanza. Como en la política, así en el arte, ¡preconizamos que Italia sea la única heredera futura de la latinidad!

¡Pero para lograrlo es preciso actuar con coraje y disciplina en la vida y en el arte! Es preciso tener el coraje de destruir y sojuzgar incluso lo que, por recuerdo o por costumbre, tendemos a apreciar. Es preciso cercenar las ramas viejas e inútiles, avanzar desnudos y feroces y mirar hacia delante hasta que nos estallen las pupilas. ¡Es preciso tomar partido, enardecer nuestra pasión, exacerbar nuestra fe en esta grandeza futura que todo italiano desea con suficiente entusiasmo! Para esto se necesita sangre, se necesitan muertos. El risorgimento italiano se hizo a hurtadillas, lo hicieron personas de bien y sin que corriese suficiente sangre. Habría que ahorcar, fusilar a los que se apartan de la idea de una gran Italia futurista. En el terreno del arte habría que andar a pistoletazos contra todos los artistas que hoy gozan de fama en Italia. ¡Estas viejas carroñas entorpecen la marcha de los jóvenes con un arte rastrero digno de la Italia del ministro Cairoli, digno de la Italia que masacraba Crispi, dingo de la Italia de Cavallotti, pacifista e internacionalista en medio de naciones armadas, ricas y temibles!

¡Los futuristas queremos dotar a Italia de una conciencia que la impulse cada vez más hacia el trabajo tenaz, hacia la conquista feroz! ¡Qué los italianos saboreen al fin el gozo embriagador de sentirse solos, armados, ultramodernos, en lucha contra todos y no descendientes soñolientos de una grandeza que ya no es nuestra! Lamentablemente, el italiano, que sabe jugarse la vida por una mujer, es incapaz de imponerse una disciplina, un amor ideal lejano, incapaz de concebir en abstracto el deber, la patria y la solidaridad. Por tanto es incapaz de concebir un arte que no lleve aparejado un éxito inmediato y una ganancia inmediata. En Italia cualquier mentecato cree que el egoísmo cotidiano es un derecho, confunde su vil interés con el individualismo. Entre nosotros, el ocio mental y social se consideran atributos de un temperamento aristocrático. Como si los millones de holgazanes parásitos, de indiferentes que viven del ocio en nuestros cafés, en nuestras academias, tuviesen derecho a llevar la vida que quieren o a hacer el arte que quieren. Sólo hay una ley para el italiano: el trabajo e Italia. Sólo hay una ley para el artista: la vida moderna y la sensibilidad futurista. ¡No toleramos objeciones! ¡En un país tan grande, tan bello, tan ascendente como Italia todo eclecticismo es una cobardía!

Como decíamos en nuestro prefacio al catálogo de la 1ª Exposición Futurista de París: “¡Somos futuristas porque un conjunto de concepciones estéticas, éticas, políticas y sociales son absolutamente futurista!” Esta unidad es la que se constituye la fuerza y la cohesión de nuestro movimiento. Esta unidad es la que falta totalmente en el cerebro italiano actual.

No entraré, sin embargo, en otros ámbitos, sino que me limitaré al que me es propio como pintor y escultor futurista. […]

Boccioni: dinamismo de un ciclista. 1913


[fuentes: https://lamecanicaceleste.wordpress.com/2020/09/13/por-que-somos-futuristas-fragmento-por-umberto-boccioni-1882-1916/ + > https://vanguardiaartisticasigloxx.wordpress.com/2015/08/07/el-futurismo-italiano/ 


posteado por kalais 27/7/2022 - ch

Dienstag, 26. Juli 2022

Papirología de Unamuno: Teoría y praxis de las pajaritas de papel y otras figuras de Origami


Don Miguel de Unamuno… Dice, en efecto, que hallándose el verano pasado en Bilbao, su pueblo nativo, y en una librería donde tiene consignados ejemplares de su novela Paz en la Guerra y de sus Tres Ensayos, le manifestó el librero que cuando volviese a publicar otro libro se cuidara mucho de su volumen y condiciones materiales, procurando que, a poder ser, tengan sus obras todas un mismo tamaño. A cuyo respecto le contó el librero lo que con uno de sus clientes le había ocurrido. Fue el caso que un sujeto le había pedido en varias ocasiones las obras completas de Galdós, Pereda, Valera, Palacio Valdés y otros escritores de fama y éxito, y se las había servido. Pidióle luego las de Picón, y cuando llegaron estas torció el cliente el gesto y les puso mala cara porque no eran todas de un mismo volumen, sino unas más largas y otras más anchas. —¿Y cómo voy a encuadernar como «Obras completas de D. Jacinto Octavio Picón» si presentan tanta diversidad de tamaños? El librero, como se trataba de un buen cliente, se ofreció en su obsequio a quedarse con ellas, y así se acordó, no llevándose el cliente más que dos o tres, las que más le interesaban, o sean las iguales en tamaño y forma. Y comentando luego el sucedido, decía el librero al señor Unamuno que procurara que sus libros todos fueran uniformes, pues así los vendería mejor. Porque es indudable que hay quienes compran los libros para leerlos, y son los menos, y hay quienes los compran para formar con ellos biblioteca, y son los más. Y en una biblioteca está feo que los libros de un autor, que han de aparecer juntos, no puedan alinearse en perfecta formación y sin ningún saliente, ni hacia arriba ni hacia adelante…

APUNTES PARA UN TRATADO DE COCOTOLOGÍA

Etimología - La palabra cocotología se compone de dos: de la francesa cocotte, pajarita de papel, y de la griega logia, de logos, tratado. La palabra francesa cocotte es una palabra infantil y que se aplica en su sentido primitivo y recto a los pollos y por extensión a todas las aves. En sentido traslaticio a las pajaritas de papel y a las mozas de vida alegre. Aquí habré de extenderme en una comparación entre estas mozas y las pajaritas, frágiles como ellas. La primera cuestión que surge respecto al nombre de nuestra nueva ciencia es que es el tal un nombre híbrido, como el de sociología, compuesta de una palabra latina y otra griega, y son muchas las personas graves que han visto en eso del hibridismo de su título un fuerte argumento en contra de la nueva sociología. Acaso fuera mejor llamar a nuestra ciencia papyrornithología (???????????????), de las palabras griegas papyros (???????) papel, ornithion (????????) pajarita y logia, pero le encuentro a este nombre graves inconvenientes que me reservo mostrar cuando publique el tratado. Y no dudemos de la importancia del nombre, importancia tal que precisamente lo más grave de una idea u objeto es el nombre que habíamos de darle. Rechacemos aquel absurdo aforismo de le nom ne fait pas a la chose el nombre no hace a la cosa. Sí, el nombre hace a la cosa y hasta la crea. ¿No nos dice acaso el versículo 3 del capítulo I del Génesis que «Dijo Dios: sea la luz, y la luz fue», creándola así con su palabra, y no fue lo primero la palabra, según el versículo primero del capítulo I del Evangelio según Juan, que nos dice que «en el principio fue la palabra?» Fausto halla imposible estimar en tanto la palabra, el verbo, y lo traduce primero así: «en el principio era el sentido» (Im Anfang war der Sinn), mas luego lo corrige diciendo: «En el principio era la fuerza» (Im Anfang war die Kraft), y concluye por fin en decir: «en el principio era la acción» (Im Anfang war die That). No; Fausto aquí divaga; digamos que en el principio fue la palabra y que luego de haber formado Dios de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos «las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar, y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes ese es su nombre» (Gen. II, 19). Y este acto de dar Adán nombre a toda bestia del campo y a toda ave de los cielos, fue su toma de posesión de ellos y hoy mismo tomamos posesión intelectual de las cosas al nombrarlas.

¿Qué es, en efecto, conocer una cosa sino nombrarla? Conocer una cosa es clasificarla, nos dicen los filósofos, es distinguirla de las demás, y cuanto mejor la distingues es que la conoces mejor. El hombre ignorante solo sabe el nombre propio de las cosas, su agnomen, su nombre de pila que diríamos hoy; las llama Cayo o Tito, Pedro o Juan; el menos ignorante sabe su primer apellido; cuando se instruye más conoce ya el segundo apellido, y así sucesivamente. Cuanto más adelantamos en la ciencia de las cosas, más apellidos damos a estas, conocemos mejor su genealogía, las colocamos mejor en el lugar que en su familia las corresponde. ¿La llamada historia natural se reduce para los más a otra cosa que una nomenclatura? Preguntémosle a la palabra misma por su importancia y oficio, interroguemos a nuestra lengua latina y ella nos dirá que la raíz del nombre-nombre NOMEN GNOMEN es la raíz misma, gno —del verbo gnosco, cognosco, conocer, y que esta raíz GNO es hermana de la raíz gen— de gigno, engendrar; nombrar es conocer y conocer es engendrar, nombrar es engendrar las cosas—. Y si se lo preguntamos a las lenguas germánicas y anglo-sajonas nos dirán estas que la voz palabra, worth en inglés, wort en alemán, es pariente del verbo worden, devenir, hacerse, generarse, siendo la palabra un hacerse, un devenir, un engendrarse. Sí, inefable e inconocible es una sola y misma cosa. Razón tiene, pues, Carlyle cuando en su Sector Resortus (lib. II, cap. I, Génesis), hace decir a Diógenes Teufelsdrockh lo siguiente: «Pues en verdad, como insistía a menudo en ello Gualterio Shandy, estriba mucho, casi todo, en los nombres. El nombre es el primer vestido en que envolvisteis al yo que visitaba la Tierra, vestido a que desde entonces se agarra más tenazmente (porque hay nombres que han durado casi treinta siglos) que a la piel misma. Y ahora, desde fuera, ¡qué místicas influencias no envía hacia dentro, aun hasta el centro, especialmente en aquellos plásticos primeros tiempos en que es el alma toda infantil vía, blanda, habiendo de crecerla invisible semilla hasta convertirse en árbol frondoso! ¿Los nombres? Si pudiera explicar yo la influencia de los nombres, que son el más importante de todos los vestidos, sería un segundo y gran Trismegisto. No ya solo el lenguaje común todo, sino la ciencia y la poesía mismas, no son otra cosa, si lo examinas, que un exacto nombrar. En muy llano sentido, dice el proverbio, “Llama ladrón a uno y robará…”» Así Carlyle. Goethe, por su parte, en Poesía y verdad (II, 2), nos dice: «No estaba bien hecho que se permitiera aquellas bromas con mi nombre, pues el nombre propio de un hombre no es una capa que cuelgue de él y a la que se pueda deshilachar y desgarrar, sino un vestido que ajusta perfectamente y hasta como la piel misma que ha crecido con él y sobre él, y a la que no cabe arañar y desollar sin herirle a él mismo.» Y, por último, para acabar con las citas, conviene trascribir aquí aquellos preñados versos en que nos dice Shelley en su «Prometeo desencadenado» (Prometheus unbound, act. II. sc. IV) que «dio al hombre el lenguaje y el lenguaje creó el pensamiento, que es la medida del universo.» He gave Man speech, and speech created thought which is the measure of the universe. Con todas estas y otras consideraciones acerca del nombre, consideraciones que sacaré de mi cuadernillo rotulado Onomástica, justificaré la importancia capital que tiene el nombre que doy a la nueva ciencia, y como al nombrarla la creo. Porque el nombre y su etimología debe preceder a la definición misma.

Importancia de nuestra Ciencia - Es importantísimo el dejar bien asentada a priori la importancia de la ciencia de que se va a discurrir, no sea que los lectores torpes no lo conozcan. Es esto tan importante como lo que hacen ciertos predicadores dialécticos que después de desarrollar un argumento añaden: «queda, pues, evidentemente demostrada… tal o cual cosa», no sea que el oyente no lo haya conocido. La importancia de la cocotología es que, como veremos más adelante, puede llegar a ser ciencia perfecta.

Lugar que ocupa entre las demás ciencias y sus relaciones con estas - He aquí dos puntos capitalísimos y que se prestan a no poca discusión. En realidad el segundo depende del primero, pues para colocar a nuestra ciencia en el lugar preeminente que le corresponde, tenemos que determinar antes sus relaciones con las demás ciencias. Relaciónase con las físico-químicas porque el papel, sea fino sea de estraza, con que las pajaritas se hacen, está sujeto a las leyes todas físicas y químicas; pesa, refleja un color, da un sonido si se le hiere, se dilata por el calor, arde al fuego, es sensible a ciertos ácidos, etc., etc. Se relaciona con las ciencias naturales porque dicho papel se extrae de materias vegetales, y sin conocer estas mal se puede conocer bien tal papel. Relaciónase con la psicología, porque las pajaritas de papel ayudan al desarrollo de la psique infantil, y con las ciencias sociales por su valor como juego de los niños. Pero ante todo y sobre se relaciona, como veremos, con las ciencias matemáticas, porque la pajarita de papel adopta formas geométricas definidas y puede someterse a fórmula analítica.

Embriología -  He de empezar por el estudio de la embriología de la pajarita de papel, a partir del cuadrado primitivo de papel, que salido del protoplasma papiráceo, es el óvulo de donde la pajarita habrá de desenvolverse. Y tal óvulo tiene que ser por fuerza cuadrado, lo más perfectamente cuadrado que quepa, sin que sirva que sea un cuadrilátero o paralelepípedo, pues de este no sale más que un monstruo, como puede comprobarlo el investigador si, como nosotros, lo ensaya. El óvulo-cuadrado papiráceo experimenta primero la vuelta o involución de sus cuatro ángulos cuyos extremos vienen a coincidir en el centro, produciéndose el segundo período, el de blastotetrágono, en que hay dos capas, la formada por los cuatro extremos plegados, el endodermo o endopapiro, y la formada por el centro del óvulo-cuadrado, el ectodermo o ectopapiro. Una vez obtenido este segundo período experimenta el blastotetrágono un tercer pliego, una tercera complicación, volviéndose las puntas de él hacia el lado inverso de aquel a que las primeras se volvieron, es decir, hacia el endopapiro, y así tenemos la gástrula papirácea. De esta puede salir ya, mediante un proceso que describiré minuciosamente en mi obra —obra ilustrada con exactos grabados— la primera forma de pájaras, la más elemental y primitiva, en que los extremos que se doblaron primero vienen a formar la cabeza, las patas y la cola. De aquí también, mediante otro proceso, puede salir una mesa, la trapeza papyracea, la forma de tetrápodo o cuadrúpedo más sencilla que se conoce, como que es un cuadrúpedo puro, un mero tetrápodo, a tal punto que hay sabios que opinan, con algún fundamento, que no sirven las cuatro patas para sostener el cuadrado o tablero de la mesa, sino más bien este para soportar las patas. Aquí me extenderé en amplias consideraciones de como este tipo de la trapeza papirácea lo vemos luego reproducido en todos aquellos organismos superiores, incluso el hombre, en que el cuerpo lleva las extremidades en vez de llevar estas al cuerpo, y estudiaré el tipo trapeza en la especie humana, en aquellos hombres cuya razón de ser es tener manos y pies.

Después del tercer período viene el cuarto de donde se desarrolla, mediante un proceso que detallaré, la pajarita normal, caracterizada por tener cuatro costillas provenientes de las cuatro puntas primitivas y dos bolsas triangulares en la cabeza, a las que hay que dar denominación científica. He de extenderme luego en el quinto período, en que aparecen bolsillos a la pajarita, y aquí he de disertar doctamente acerca de estas pajaritas marsupiales, que representan un período de gran desarrollo. Porque es indudable que la aparición de los bolsillos es uno de los fenómenos más capitales y de mayor trascendencia del proceso orgánico. Con los bolsillos le nace a la pajarita una especie de mandíbula y se le forma boca propiamente dicha. (A todo esto es absolutamente preciso que el lector coja un cuadrado de papel y vaya experimentando por sí mismo lo que decimos, pues la cocotología es a la vez que exacta una ciencia eminentemente experimental.) Esto de que la boca aparezca al mismo tiempo que los bolsillos es uno de los fenómenos más sorprendentes y sugestivos que pueden darse y convendrá que me extienda sobre él cuanto lo merece. A la vez que boca y bolsillos desarróllanse en este quinto grado de la pajarita cuatro costillas pectorales simples a la par que las costillas espaldares se hacen dobles. De los períodos sexto, séptimo, etc., nada diremos, pero sí haré juiciosas y hondas reflexiones acerca de la infinitud del número de estos períodos o grados, de cómo son inacabables. Sin embargo, a cada nuevo grado el grosor de la pajarita crece y la materia opone serias resistencias a su perfección geométrica, que es su razón de ser, por lo cual esos grados superiores están condenados a perecer en la lucha por la existencia, ya que no se adaptan a la perfección geométrica. Y esto nos lleva a la anatomía de la pajarita.



Anatomía - La razón de ser, en efecto, de la pajarita de papel es su perfección geométrica, perfección a que todas ellas tienden, aunque no logren alcanzarla jamás. La perfecta pajarita ha de poder ser inscrita en un cuadrado perfecto, como en la figura adjunta vemos, y si recordamos que el óvulo de que salió era un cuadrado de papel, veremos que su perfección consiste en poder inscribirse en su propio óvulo-cuadrado, en mantenerse fiel a su origen. Y de aquí deduciremos que la perfección de todo ser consiste en que se inscriba y atenga a su óvulo generador, en que se mantenga en los límites de su origen. Claro está que en las precarias y miserables condiciones de nuestra vida terrestre y dados entre otros inconvenientes los que la materia presenta —el grosor y otras imperfecciones del papel—, no hay pajarita alguna que cumpla con toda exactitud rigurosa su ideal, su ideal geométrico; ideal que se cierne en el mundo platónico de las ideas puras. El divino arquetipo de la pajarita es una especie geométrica que yace desde la eternidad en el seno de la Geometría. Cuanto más una pajarita se acerca a su arquetipo y cuanto se inscribe en más perfecto cuadrado, tanto más perfecta es ella y tanto más se acerca a la superpajarita inaccesible. Y aquí se nos presenta una interesantísima y muy sugestiva cuestión, es a saber, la de que lo que hace la individualidad de cada pajarita, lo que de las demás pajaritas de su tamaño la distingue es precisamente su imperfección. Porque si todas las pajaritas fuesen perfectas, esto es, inscribibles en cuadrados perfectos, no habrían de distinguirse unas de otras más que cuantitativamente, por el tamaño, y no cualitativamente, y además por el diferente lugar que ocupasen en el espacio. No serían idénticas pero sí semejantes o iguales, como son semejantes siempre dos cuadrados o dos triángulos equiláteros. Vése, pues, que la perfección se adquiere a costa de personalidad, y que cuanto más perfecto o arquetípico es un ser, tanto menos personal es, y veamos por aquí, mirándonos en las pajaritas como en espejo, si nos conviene aspirar al sobrehombre, al hombre inscribible en óvulo perfecto, y si para lograr semejante perfección hemos de renunciar a nuestra personalidad cada uno. Cierto es que se nos ha dicho que seamos perfectos como nuestro Padre celestial, pero esto es como un término inaccesible a que debemos tender. Y en último caso, sí, renunciemos a nuestra personalidad en aras de la perfección y aspiremos a ser semejantes, real y verdaderamente semejantes, perfectos, y a fundirnos en el arquetipo. Porque si es Dios, como algunos sostienen, mi proyección al infinito, como nuestras vidas paralelas en el infinito se encuentran y en el infinito coincide mi proyección con la tuya y con la del otro y la de el de más allá y las de todos, es una sola la proyección allí, es Dios el lugar en que nuestros yos todos se identifican y confunden y perfeccionan. Es, pues, el Yo colectivo, el Yo universal, el Yo-todo.

Y dígaseme ahora que la cocotología no es una ciencia importantísima y que abre vastísimos horizontes a la mente humana llevándola a espléndidas contemplaciones. Después de haber desarrollado debidamente estos tan importantes problemas que la cocotología plantea, convendrá que me fije en las partes que la pajarita vista en proyección lateral nos ofrece, y que son, como se ve en la figura adjunta, ocho, dos en la cabeza, tres en la pata y tres en la cola, pues la pajarita no consta al exterior más que de cabeza, patas y cola. Las dos partes de la cabeza son respectivamente protocéfalo o cabeza anterior (núm. 1), metacéfalo o cabeza posterior (núm. 2); las tres de la pata son: protópodo (núm. 3), mesópodo (núm. 4) y metápodo (núm. 5), y las tres de la cola: protocerco (núm. 6), mesocerco (núm. 7) y metacerco (núm. 8). Todas ocho partes son triangulares y de triángulos iguales, triángulos rectángulos isósceles, siendo por consiguiente la pajarita un ser esencial y eminentemente triangular, un ser triánguli[1]rectánguli-isoscélico. Y aquí tenemos una nueva, admirable, providencial y teleológica armonía al ver la perfección suma de nuestra pajarita, compuesta como de primeros elementos o células de sesenta y cuatro triángulos rectángulos isósceles, tal y como se ve en la adjunta figura en que están marcados aquellos dieciséis que forman la parte exterior de la pájara bien plegada. Y aquí tenemos como lo anatómico surge de lo histológico, lo macroscópico de lo microscópico, y como todo ser depende en cuanto a su organización y forma de los elementos primarios que le constituyen. Sabido es, en efecto, que la diferencia entre la célula vegetal y la animal, encerrada aquella entre duras paredes y como anquilosada y presa entre ellas y más libre la célula animal, a modo de ameba —el glóbulo de la sangre nos ofrece un caso de célula animal libre— sabido es, digo, como tal diferencia es lo que principalmente condiciona las diferencias de estructura que entre el vegetal y el animal existen. Del elemento primario arranca la fábrica toda de un ser. Lo vemos en la arquitectura, en que las formas de conjunto están condicionadas por el elemento, por la célula arquitectónica, que se emplee, y así tenemos arquitectura en madera, imitada luego en piedra, arquitectura en piedra o de sillares, arquitectura del ladrillo y hasta arquitectura del hierro. Para desarrollar este punto, consultaré las obras especiales de arquitectura y me dará lugar a ilustrar esta parte de mi obra con profusión de grabados de los principales monumentos egipcios, asirios, caldeos, frigios, griegos, etc., etc. Y la pajarita es, a no dudarlo, la forma arquitectónica, digámoslo así, que el papel pide y exige, la forma que del papel surge naturalmente, la perfección de la figura en papel, el perfecto ser papiráceo. Todo en ella es admirable, no siendo de agotar la serie de armonías y misteriosas relaciones que nos presenta. La pajarita es, ante todo, un ser triangular, o, mejor dicho, triánguli-rectánguli-isoscélico, y como el triángulo rectángulo isósceles es la mitad de un cuadrado, vemos su relación íntima y profunda con el cuadrado que tanto papel juega en nuestra mensuración. En las líneas de la pajarita unas, como las que van de la coronilla al pico o de la rodilla al pie, son como lados del cuadrado, y otras, cual las tres líneas que partiendo del centro van a parar al pico y a los extremos de la pata y la cola, son como diagonales del mismo cuadrado, es decir que tomando a aquellas, como se las debe tomar, de unidad, equivalen estas a x?2, cantidad inconmensurable con la unidad. Y que aquí cómo se introduce en la esencia de la pajarita la misteriosa relación de la inconmensurabilidad.



Esta inconmensurabilidad es a la pajarita lo que la espiritualidad al hombre, y ella nos dice que debe la pajarita tener una vida suprasensible, porque ¿es de creer que el Supremo Autor de todo lo creado la dotara sin objetivo alguno de semejante inconmensurabilidad? ¿hemos de suponer que no tenga fin alguno trascendente esta misteriosa relación de ?2? Todo en la pajarita revela bien a las claras un plan preconcebido, todo nos demuestra un oculto designio, y como no hemos de ser tan toriles que supongamos que el niño que materialmente la construye sepa de triángulos isósceles ni de inconmensurabilidades ni de x?2, forzoso nos es admitir que no es el tal niño más que instrumento ciego de un Poder Supremo, que a más altos destinos que el de entretenerle endereza a la pajarilla. Y aún nos atrevemos a sospechar que se haya hecho al niño para la pajarita y no a esta para aquel, aun cuando tan plausible sospecha pueda herir la vidriosa susceptibilidad del rey de la creación. Mas de esto del origen y finalidad de la pajarita, hablaré más adelante. Otra maravillosa armonía es que la pajarita, vista en proyección, llena un área que equivale a la mitad del cuadrado en que se inscribe, ya que, como vimos en anteriores figuras, consta de ocho triángulos de los dieciséis de que el cuadrado consta. Es decir que es su área la mitad del área del cuadrado en que se inscribe, lo mismo que el área de cada uno de los triángulos de que consta es la mitad del área de un cuadrado; ¡admirable armonía! Además si consultamos la 2.ª figura de la misma página, veremos que los triángulos marcados en oscuro, son 16, siendo 64 el número total de los que componen el óvulo primitivo, surgido del protoplasma papiráceo, el número total de células triangulares de la mórula embriónica papirácea, es decir, que el área exterior, que la piel de la pajarita es la cuarta parte, y ni más ni menos que la cuarta parte, del área del óvulo cuadrado, ¡nueva y misteriosa armonía! Así continuaré analizando en mi obra las distintas y maravillosas relaciones métricas, conmensurables e inconmensurables, que de la estructura admirable de la pajarita se derivan, y luego de analizar sus relaciones estáticas, me fijaré en las dinámicas. En las dinámicas he escrito, aunque haya quien crea, equivocadamente, que en la pajarita no cabe dinamismo. ¿Y cuál es el dinamismo de la pajarita, el dinamismo cocotológico? Pues es el que resulta de mantenerse ella en pie, porque la función de la pajarita consiste en mantenerse en pie. Este mantenimiento es su fisiología.

Y no se me diga que el mantenerse en pie es algo estático y no dinámico; no, es dinámico y muy dinámico. Más esfuerzos hacen falta muchas veces, para mantenerse en pie que para avanzar. ¿Es que un cadáver puede mantenerse en pie como un hombre vivo? Luego la pajarita que se mantiene en, pie, es una pajarita viva. Y no se me diga, no, que en tal sentido nada hay que no sea dinámico y que lo es lo estático mismo, y que no sé bien la diferencia que entre lo estático y lo dinámico media, pues es estático un sistema de fuerzas en equilibrio; no se me diga esto, que no haré caso y seguiré en mis trece, pues yo me entiendo y bailo solo. El dinamismo de la pajarita, digo, consiste en que se mantiene ella en pie y en equilibrio estable y se mantiene sobre tres puntos —puntos y no superficies, fijémonos bien en ello—, que son los dos puntos de los extremos de sus metápodos y el punto en que el protocerco, el mesocerco y el metacerco se encuentran. Se sostiene sobre tres puntos, determinantes de un plano siempre, sobre tres puntos, sobre un triángulo isósceles, aunque no rectángulo, dado que de los dos extremos de las patas al punto de apoyo de la cola, hay la misma distancia, ¡nueva, maravillosa y sorprendente armonía triangular! Y obsérvese la perfección con que la pajarita pisa y se sostiene en tierra, véase que no toca al suelo más que con los tres puntos, determinantes de un plano, precisos para mantenerse en equilibrio estable, que tiene el menor contacto posible con la tierra, y dígasenos si no es esta una nueva y mirífica perfección de su ser, que le eleva por sobre tantos plantígrados humanos, que necesitan tocar el mayor suelo que ocupar puedan. La pajarita es un ser trípode, y la perfecta pajarita, la pajarita arquetípica o ideal, no tocaría a tierra más que en tres puntos geométricos, en tres puntos puros, determinantes de un puro plano. No hay más que otra figura que toque a tierra con menor número de puntos que es la esfera que solo sobre uno se sostiene, pero sostiénese en equilibrio inestable y no en estable. Y ¿quién duda de que el triángulo sea figura más perfecta que el círculo? Porque si son maravillosas y sorprendentes las relaciones del círculo, tan maravillosas y sorprendentes son las del triángulo, siendo este más vario que aquella a mayor abundamiento. Porque en el círculo apenas hay más que unidad, mientras que en el triángulo hay unidad, variedad y armonía, unidad de espacio cerrado, variedad de lados y ángulos, armonía de figura. Así ha sido siempre honrado y respetado el triángulo, y con él el número tres que de él deriva, el misterioso número tres, el primer número compuesto de un impar y de un par y precisamente del primer impar con el par primero. Aquí haré un caluroso elogio del número tres, enumerando las principales categorías y potencias que se nos dan en terna o triada, y fijándome muy en especial en la Libertad, Igualdad y Fraternidad; Dios, Patria y Rey; Agricultura. Industria y Comercio; Verdad, Bondad y Belleza; Oriente, Grecia y Roma; etc., etc., etc.

Vamos ahora a la China, a ese país antiquísimo que guarda las más venerables reliquias de la infancia del género humano. Y una vez en China haré un caluroso elogio del interesante pueblo chino para concluir encareciendo la importancia del tangram o chinchuap, especie de rompecabezas chinesco, que sirve de distracción a los niños y que se ha adoptado en no pocas escuelas de Europa para desarrollar el sentido geométrico de los niños. Consta el tangram de siete piecitas de madera u otra materia, cortadas al modo que se ve en la figura adjunta y con las cuales puede hacerse todo género de combinaciones. Es un juego muy conocido. Ahora bien, yo sostengo que semejante juego procede de la pajarita, y que a no más que construir la figura de la pajarita se endereza, ya que sus últimos elementos, aquellos de que sus siete piezas constan, no son ni más ni menos que los dieciséis triángulos rectángulos isósceles de que el cuadrado en que se inscribe la pajarita consta, sin más que la dislocación de dos de ellos. Y buena prueba de que el tangram chinesco se enderezaba a la comprensión de la pajarita es que, como se ve en las figuras adjuntas, se forman con sus siete piezas de un lado el óvulo papiráceo juntamente con la figura de la pajarita, pudiendo superponer esta sobre aquel, y de otro lado la pajarita toda. Así proseguiré desarrollando la anatomía geométrica de la pajarita.


Origen y fin de la Pajarita - El origen de cada cocotte o pajarita se nos aparece a primera vista muy claro y obvio, la construimos nosotros con nuestras propias manos tomando un pedazo de papel. Mas ya hemos visto que al construirla no pasamos de ser humilde instrumento de una Potencia Suprema e Inteligente que guía nuestras manos. Aquí de lo que quiero tratar es de su origen filogénico, del origen de la especie. Porque nosotros las aprendimos a hacer por haber visto hacerlas, mas ¿quién las ideó primero? ¿las ideó alguien? ¿surgieron de la nada, del azar o de Inteligencia creadora y ordenadora? ¡Grave cuestión! ¿Podrá haber quien nos persuada torpemente de que ser tan maravilloso, dotado de tantas y tan excelsas perfecciones, vaso de tan admirables relaciones métricas conmensurables e inconmensurables, estáticas y dinámicas, de que este perfecto ser papiráceo pudo ser obra del acaso? ¿Tendremos que recordar lo de que echando al azar caracteres de imprenta no pudo salir la Ilíada? ¡Lejos de nosotros Demócrito y Leucipo y Holbach y los materialistas todos! ¡Oh ceguera de los hombres! ¡oh dureza de sus corazones! No, no es posible que nos persuadan de doctrinas tan absurdas como impías. Ha surgido en modernos tiempos una secta proterva e impía llamada transformismo, darwinismo o evolucionismo —que con estos y otros tan pomposos nombres se engalana— que en su ceguera y arrogancia pretende que las especies hoy existentes se han producido todas, todas, incluso la humana, unas de otras, a partir de las más sencillas e imperfectas y ascendiendo a las más perfectas y complicadas. Pocas veces se ha visto error más nefasto. Y ¿qué nos dice el flamante transformismo acerca de la pajarita de papel? ¿Podrá hacernos creer que tan perfecto ser se engendrara evolutivamente y no que surgiese de una sola vez y como por ensalmo con las perfecciones todas que hoy atesora? Supongo que nos vendrá diciendo que dado un perfecto cuadrado de papel y doblándolo con precisión no hay modo sino de que se engendren figuras regulares, que doblando un cuadrado por su diagonal por fuerza resultan dos triángulos rectángulos isósceles; pero ¿no veis, desgraciados, que eso que me venís diciendo implica una petición de principio o círculo vicioso? Sí, conozco sus sofismas aparatosos, sofismas de ciencia vana que hincha y no conforta; sé que llevados de su natural soberbia sostienen con pertinacia que los cantos rodados han resultado tales en puro frotarse contra el lecho del arroyo y las aguas y no que fueron hechos rodados desde un principio para que mejor resistieran a la corriente. ¿Qué más? Hay un hecho admirabilísimo, fuente de admiración para todo verdadero sabio, que ha servido a esos falseadores para uno de sus más artificiosos sofismas. El hecho es el de lo maravillosamente dispuestas que están las celdillas de los panales de abejas, en prismas hexagonales, que son las construcciones que acercándose más a los cilindros desplazan menos terreno. ¡Maravillosa economía de espacio! Muchos sabios modestos, profundos y piadosos se han detenido en admirar a la Providencia en esta maravillosa traza, y puesto que no cabe, no siendo llevado de un espíritu sectario, atribuir a las abejas un conocimiento tal de la geometría que sepan cómo son los prismas hexagonales las figuras que mejor encajan unas en otras sin desplazar terreno y ofrecen el hueco que más se acerque al del cilindro, forzoso nos es ver en ello una Inteligencia suprema que las dotó de instinto. Pero he aquí que vienen estos sabios modernos, estos sofistas aparatosos y henchidos de presunción arrogante, y nos dicen que las avispas hacen cilíndricas sus celdillas dejando huecos intermedios, perdiendo terreno, y que si las abejas han llegado a hacerlas hexagonales es porque apretando unos canutillos contra otros acaban por tomar ellos mismos, naturalmente, la forma de prismas hexagonales, y a tal propósito nos invitan a reunir un fajo de tales canutillos, a modo de cigarrillos en paquete, y ceñirlos y apretarlos bien y lo veremos patente.

¡Oh ceguedad de la razón humana, y a qué extremos conduces a los infelices mortales! ¡oh astucias del Enemigo malo! Recordemos que cuando Dios puso a nuestros primeros padres en el paraíso terrenal les dejó todo aquel amenísimo jardín en usufructo, ya que no en propiedad, y solo les prohibió que tocaran a los frutos del árbol de la ciencia del bien y del mal; pero vino el Tentador y les ofreció que serían como dioses, conocedores del bien y del mal y de las razones de las cosas, y probaron del fruto del árbol de la ciencia y se vieron desnudos y cayeron en miseria y de allí arrancan nuestros males todos, entre ellos el primero y el más grave de todos, que es eso que llamamos progreso. La tentación continúa, pues estoy completamente convencido de que todo eso del transformismo no es más que una añagaza puesta con divina astucia a nuestra razón para ver si esta se deja seducir y cree más en sí misma que en lo que debe creer y a que debe confiarse. Todo lo que a los seres orgánicos se refiere está, en efecto, de tal modo dispuesto y trazado que se vea nuestra pobre y flaca razón llevada naturalmente y como de la mano a caer en los errores del transformismo. Paralelismo entre el desarrollo del embrión y la serie zoológica, órganos atrofiados, casos de atavismo, todo se halla ordenado a inducirnos a error. Es evidente que mirada la cosa a la luz de la sola razón, no hay más remedio que caer en el transformismo, pues este solo nos explica la diversidad de especies y su diversidad de formas. La ciencia es implacable y no sirve quererla resistir. La razón cae y tiene que caer naturalmente en el transformismo si la fe no la sostiene sobrenaturalmente. Pero llegará el último día, el día del juicio, aquel en que nos veremos todos las caras, el día en que los ignorantes confundirán a los sabios y aquel día oiremos que se les dice a nuestros flamantes sabios modernos: «Sí, es verdad, todo estaba trazado y dispuesto para haceros creer en que unas especies provenían de otras mediante trasformación, incluso el hombre provenir de una especie de mono; todo llevaba vuestra razón naturalmente y como por irresistible fuerza a tal creencia, pero era ¡ay! para probar vuestra fe y ver si creíais más a vuestra pobre, flaca y soberbia razón que no a palabras que por infalibles debíais tener. Cierto es también que apóstoles del error y de la mentira os hablaron de cierta quisicosa que llamaban revelación natural y de que Dios habla por sus obras y de que es la naturaleza su palabra, su verbo, y de que Él os enseñaba el transformismo y de que era esta una doctrina profundamente religiosa y piadosa en cuanto mostraba al hombre una indefinida ascensión de mejora, pero todo eso eran trampas que se os ponía para probar vuestra fe. Y así como a Faraón se le endureció el corazón y una vez con el corazón endurecido no respondió cuando se le llamaba y fue por ello castigado, así se os castigará ahora por haber creído antes a vuestra razón que no a antiquísimas y venerandas palabras.» Y sonará la fatídica trompeta.

Tal es, sin duda alguna, el hondo sentido de ese moderno y perniciosísimo error que se llama transformismo, añagaza que a la razón se le antepone. Mas a nosotros debe apartarnos de él la asidua y cuidadosa contemplación de las perfecciones que la cocotte o pajarita de papel atesora… * * * Aquí termina bruscamente el manuscrito de los Apuntes para un tratado de cocotología del ilustre don Fulgencio, y es lástima que este nuestro primer cocotólogo, el primero en orden de tiempo y de preminencia, no haya podido llevar a cabo su proyecto de escribir en definitiva un tratado completo de la nueva ciencia. Me ha asegurado que piensa refundirla en su gran obra de Ars magna combinatoria, y aún parece ser que fue la cocotología lo que primero le sugirió tan considerable monumento de sabiduría.-

[fuentes: M. de Unamuno, Amor y pedagogía >> Y Figuras De Origami - Bing images ]

 

Sonntag, 17. Juli 2022

Cantos por las libertades... también la de pensar

 

Los pensamientos son libres ¬ canción popular y política

November 24, 2014

 

Die Gedanken sind frei :Un post editado hace tiempo, que hoy reiteramos a pedido de amigos constantes.- (17/7/2022)  

Revolution 1848    Revol 1848 Zupfgeigen 

Acompañemos cantando  https://www.youtube.com/watch?v=YVc0wBLri1A  

Con Milva     https://www.youtube.com/watch?v=8mLiXApfO8s#t=16 

Cuando protestar era peligroso se cantaba  entre líneas:

 Die Gedanken sind frei -                              

 Los pensamientos son libres -

Die Gedanken sind frei                                 

 Los pensamientos son libres

wer kann sie erraten?                                    

 ¿quién puede adivinarlos?

Sie fliegen vorbei                                           

Se pasan volando

wie nächtliche Schatten.                                 

como sombras nocturnas.

Kein Mensch kann sie wissen,                      

 Ninguno puede conocerlos,

kein Jäger erschießen                                     

ningún cazador puede dispararles

mit Pulver oder Blei:                                       

con pólvora o plomo:

Die Gedanken sind frei!                                 

¡Los pensamientos son libres!—

-2.

Ich denke, was ich will                                    

Pienso lo que quiero,

und was mich beglücket,                               

 y aquello que  me hace feliz,

doch alles in der Still                                     

 pero todo en silencio

und wie es sich schicket.                                

y con todo decoro...

Mein Wunsch und Begehren                          

Mis deseos y necesidades,

kann niemand verwehren,                              

nadie puede prohibirlos;

es bleibet dabei:                                            

 así lo reafirmo:

Die Gedanken sind frei!                                

 ¡Los pensamientos son libres!-

-3.

Und sperrt man mich ein                                

Y aunque me encierren,

im finsteren Kerker,                                        

en el calabozo más oscuro,

das alles sind rein                                          

 todo eso será en vano.

vergebliche Werke.

Denn meine Gedanken                                 

 Pues mis pensamientos

zerreißen die Schranken                                

rompen las barreras

und Mauern entzwei:                                     

 y derruyen murallas:

:Die Gedanken sind frei!                                

¡Los pensamientos son libres!

–4.

Drum will ich auf immer                                 

 Por eso quiero rechazar

den Sorgen entsagen,                                 

 para siempre las preocupaciones,

und will mich auch nimmer                             

 y no he de ajetrearme

mit Grillen mehr plagen.                                  

con negras tribulaciones.

Man kann ja im Herzen                                 

  Pues  dentro del corazón

stets lachen und scherzen                             

se puede reír y bromear siempre

und denken dabei:                                         

mientras se piensa:

Die Gedanken sind frei!                                 

¡Los pensamientos son libres!—

-5                                                                          -5

Ich liebe den Wein,                                        

Yo amo el vino

mein Mädchen vor allen,                                

y sobre todo a mi chica,

sie tut mir allein                                              

sólo ella es la que

am besten gefallen.                                        

a mí más me gusta.

Ich bin nicht alleine                                         

Yo no quedo solo

bei meinem Glas Weine,                                 

con mi copa de vino,

mein Mädchen dabei:                                     

mi chica está conmigo:

Die Gedanken sind frei!                                 

¡Los pensamientos son libres!

 Paulskirche bild 1848  Paulskirche 1848

Paulskirche Frankfurt am Main, sede de la 1ª Asamblea Nacional alemana, 1848
Video  https://www.youtube.com/watch?v=toUDrA1qUZo
Mi querido primo Karlheinz,
referido a tu pregunta sobre el estado de las libertades individuales y públicas en nuestra República, no puedo sino confirmar (desde mi punto de vista de ciudadano y burgués) la plena vigencia de las mismas en el marco de la ley fundamental y una selva de reglamentaciones. Algunos sectores no están conformes con la organización económica y social, y debaten sobre métodos para derribarla sin acordar un sistema que la reemplace (prefieren que nadie añore demasiado la “democracia popular”, aunque hagan lo posible para reinstaurarla). En cuanto a los asilantes y otros residentes “invitados”, tienen dificultades culturales para adaptarse y esto genera discriminación. Sin embargo, sólo los más nazis de nuestra población pretenden expulsarlos o algo peor.
Las lentes vigiladoras que muestra el Video adjunto pululan por villorrios, ciudades y carreteras. Las vemos instaladas en comercios, bancos, calles, estaciones de ferrocarril, hospitales, cárceles y mil sitios más. Quizá contribuyan a recaudar dinero por infracciones y a esclarecer algún delito ya cometido. No pertenezco a la policía ni a los servicios de “defensa constitucional” (léase contrainsurgencia), pero dudo de que disuadan a ningún delincuente decidido o ingenioso. Pero el video mismo, desde su diseño de tapa, es una zurda canallada: pretende sugerir que el actual régimen es igual o peor que el nacionalsocialista.
En cuanto al tema de la libertad de opinión y expresión, nadie se queja ni se le ocurre pensar por su cuenta. En respuesta a tu segunda pregunta (¿ todavía se canta Die Gedanken sind frei ?), te diré que muy pocos la recuerdan. Quienes sí lo hacemos, apenas logramos identificarla en los contracompases de sus versiones rockeras. Me alegro de que en tu blog le hayas rendido un homenaje y que se aplique a la enseñanza o difusión de la lengua alemana.                         
Te saluda tu primo Dietrich von Bern

Aunque el autor de este post no deba explicar actos 
ajenos, se ve obligado a aclarar que la "canallada"
aludida supra fue hasta cierto punto enmendada (por 
mano anónima) al haber sido suprimida ahora en la 
cubierta del video original.La misma sigue 
agraviando desde una imagen interior: colores 
republicanos diseñados con estética nazi y el 
remedo de una arenga de Goebbels: Wollt Ihr den 
totalen Krieg? - ch

La carta de mi primo Dietrich, que acabo de traducir, renueva una somera reflexión sobre el destino de ciertos nombres y sus versiones. Comenzando con su propio patronímico, de tan noble prosapia, que tal vez designe a un héroe semilegendario o bien al afamado rey de los ostrogodos que en nuestros manuales de historia se llamaba Teodorico de Verona, jamás oriundo o vecino de Berna pero sí asentado en Ravenna después de haber derrotado a Odoacro en el 493 de la era cristiana.                                                                   No solamente nombres de personas, sino también los de pueblos, sus ciudades y demás creaciones culturales sufrieron cambios en su esencia y composición. Tanto más los versos trasladados de bocas a oídos por los trovadores, de manuscritos a imprentas, de cantantes a músicos, de salones palaciegos a despachos de cancerberos censores. Quizás estemos echando de menos a los “buenos” censores – eclesiásticos y legos – que hacían la vista gorda no solo ante los manuscritos de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, sino aun frente a los de Don Francisco Gómez de Quevedo Villegas. Hoy sigue habiéndolos, en mayor número y con escritos menos ilustres para censurar, hasta en la más humilde comisaría de campaña – y nada se diga de las redacciones periodísticas o de recónditas oficinas estatales de “inteligencia”.

Como  casi todos los Volkslieder, también ha corrido esa suerte la canción titulada Die Gedanken sind frei. Muchos han estudiado las variantes introducidas en ella para eludir las tijeras, sin que  hubiese acuerdo en las diversas versiones  ni  se esclarecieran sus motivos exactos. Quizás a las tradicionales estrofas de los inicios trovadorescos, los traviesos y tabernarios estudiantes medievales añadieran otras de tono más picaresco. No todas parecieron agradar al romántico y nacionalista recopilador Hoffmann von Fallersleben, quien en 1841 las dejó en cuatro. Mas una 5ª siempre salía indemne en su paso por  cancioneros y panfletos: era la más “frívola” e ideológicamente neutra, y cambiaba de puesto en el orden estrófico de diferentes repertorios. Si era preciso, la escribían o imprimían como primera estrofa. Recordémosla, aun con variantes:

Ich liebe den Wein,
mein Mädchen vor allen,
diese tut mir allein
am besten gefallen.
Ich sitz nicht alleine
bei einem Glas Weine,
mein Mädchen dabei.
Die Gedanken sind frei.

Era una “estrofa-comodín”, a ratos apta para eludir la vigilancia del censor oficial que había en cada uno de los reinos y principados alemanes. ¡Pobre hombre! Cientos de manuscritos, libelos, panfletos y hojas volantes pasaban a diario bajo su cansada vista. Tal vez los clasificara según los títulos o los primeros versos, aprobando sin más leer aquellos que a primera vislumbre parecieran deleznables o “inofensivos”. Una canción que comenzara así no podía ser peligrosa en plena época de la Aufklärung o Ilustración… Aprobada y pasemos  a la siguiente.

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Concluidas las “guerras patrias de liberación” en contra del dominio de Napoléon Bonaparte y afirmadas las viejas dinastías en sus tronos, se reinstaló en Alemania el despotismo de los reyezuelos de opereta, no todos ellos retrógrados ni ignorantes. Pero los rescoldos de la revolución francesa permanecían latentes y de vez en cuando se reavivaban. En 1817 tuvo lugar en cercanías del legendario castillo de Wartburg, otrora refugio de Martin Luther en Turingia, una manifestación política suprarregional de liberales alemanes. Los monarcas, miembros de la “Liga alemana”, sellaron con los Acuerdos de Karlsbad la suerte de ese levantamiento de los “demagogos”. Éstos organizaron otra demostración en 1832, en Hambach,  con demandas de derechos políticos y  unificación nacional. Los colores representativos de estos festejos fueron el negro-rojo-oro, estampados en otros tiempos en los estandartes del viejo Imperio. En la historia de Alemania, ese período anterior a las revoluciones de 1848/49 se denomina “der Vormärz” – o sea la etapa previa al estallido de la insurrección de marzo de 1848.

Durante esa etapa aumentaron las exigencias populares de libertad y nacionalidad; por consiguiente alcanzaron mayor difusión viejas canciones libertarias como Die Gedanken sind frei. La Asamblea nacional, que llegó a reunirse en la Paulskirche de Frankfurt am Main en 1848,  fracasó a raíz de la indecisión política y los recelos recíprocos de las regiones, y ello dio tiempo a los príncipes para rearmarse y resistir el conato. La unidad nacional llegó más tarde, con la lucha armada entre el imperio francés y la Prusia conducida por Bismarck, quien supo conquistarse el apoyo de los demás estados alemanes y erigir así (1871) el primer Reich  unificado. La historia no se detuvo ahí y la canción se siguió cantando, a menudo rebajada a chascarrillo.-

Kalais – pseudónimo anticensura

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Die Wartburg, cuna de las libertades alemanas

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